Breves Comentarios del Evangelio según Juan
POR ADRIAN MONTES (BAHIA BLANCA / ARGENTINA)
Las Bodas de Caná (2:1-12):
Los milagros en este evangelio son llamados señales y han sido especialmente escogidos para marcar alguna característica especial de la persona u obra de nuestro Señor. Este primer milagro destaca algo que fue corriente en su ministerio y es su identificación con los hechos de la vida cotidiana ya que se valió de éstos para enseñar profundas verdades espirituales. El Señor y sus discípulos fueron invitados a una boda. Al asistir a la misma dignifica el matrimonio. Demuestra, este relato, cuan honroso es en los ojos de Cristo el estado conyugal. También, este pasaje, nos enseña que hay momentos en la vida en que es licito divertirse y regocijarse. Con suma razón, una autor consultado, declara que es más fácil apartarse del mundo que estar en el y no ser de el. María estaba en la fiesta, al parecer tomando parte activa en los arreglos de la misma. Tal vez era pariente del novio o novia. Es posible que los novios fueran pobres, y dado que tales celebraciones duraban varios días, se acabó el vino. Es aquí donde interviene María inquiriendo a Jesús al respecto. Esperanzada en que las declaraciones de Juan el Bautista y el hecho de que el Señor llegara acompañado de algunos discípulos fueran el acto inaugural de una etapa de milagros y prodigios mesiánicos, le solicitó que hiciera una señal. La respuesta del Señor, según las costumbres de la época, no fue irrespetuosa aunque sus palabras no ocultan el hecho de que el tiempo para hacer milagros aun no había llegado. María acepta humildemente el llamado de atención pero el Señor de todos modos realiza el prodigio sin siquiera tocar las vasijas. El agua se transformo en el más excelente vino. Lo cierto es que esta señal manifestó su gloria y sus discípulos creyeron en el. La Iglesia Católica pretende sustentar en este pasaje la obra intercesora de María. Sin embargo, la intervención de María, fue por lo menos apresurada. En definitiva, fue el Señor, quien voluntariamente hizo el milagro como también podía no haberlo hecho. Del mismo modo que aquellos discípulos vieron su gloria y creyeron en él, nosotros, a leer este pasaje podemos contemplarlo y por ello adorarle y confiar más en él.
La purificación del templo (2:13-25):
Juan fue muy cuidadoso en citar las fiestas del pueblo de Israel. En esta ocasión se trataba de la Pascua y el Señor subió a Jerusalén. Lo sucedido en este viaje a Jerusalén es relatado en este evangelio, es decir, que en dos ocasiones el Señor purificó el templo. Una al comienzo de su ministerio la cual es narrada por Juan y otra al final de su ministerio que es descrita (Mt.21:12-17, Mr.11:15-19, Lc.19:45-48). La ira santa del Señor se encendió al ver como había quiénes lucraban con la fe. Habían aprovechado el culto al Dios verdadero para un mero provecho económico. Por esto no resulta muy difícil comprender su actitud. Cuan triste es pensar que en nuestros días hay inescrupulosos que cometen el mismo pecado. "El Celo de tu casa me consume" declara el Salmo 69:9 y el evangelista vio en este acto el cumplimiento de tal profecía. Los judíos de inmediato le demandaron que hiciese un milagro que demuestre con que autoridad hacia tales cosas. La respuesta del Señor extrañó tanto a sus adversarios como a sus propios seguidores. Estos últimos lo entenderían mucho después. Al decir que derribaría el templo y lo reconstruiría en tres días estaba anunciando por primera vez su muerte y resurrección. Esto afirma dos importantes conceptos: 1) El Cordero de Dios debía ser sacrificado y esto lo tenía en claro el Señor desde el comienzo de su ministerio y lo que es más desde antes de la fundación del mundo. 2) Introduce un concepto novedoso para referirse al cuerpo al considerar al mismo como el Templo de Dios. Esto, más tarde, también se aplicaría a los creyentes haciendo referencia al uso santo que este debe hacer de su propio cuerpo para así poder glorificar a Dios (1 Co. 3:16-17; 6:19-20). Un hecho acontecido durante la pascua misma marca el fin del capítulo. Aunque muchos creyeron en él, tal vez superficialmente, el Señor no se fiaba de ellos porque conocía el corazón de los todos los hombres. Algo que distingue a esta porción es el conocimiento sobrenatural del Señor. Sabía que iba a morir y resucitar como también conocía los corazones de los hombres. Esto nos debe llamar a la reflexión ya que podemos ocultar a los hombres nuestras intenciones pero no al Señor.
El encuentro con Nicodemo (3:1-21):
Este es quizás el pasaje más conocido del evangelio. Nicodemo, un fariseo, se acerco a Jesús para dialogar con él. Lo hizo de noche tal vez esperando que en ese momento el Señor dispusiese de más tiempo para conversar. Otros piensan que tuvo temor de que tal encuentro afectase su elevada posición social ya que era miembro del Sanedrín además de ser un escriba (un expositor profesional de las Escrituras). Es posible también que tuviera un sincero interés en escuchar las enseñanzas de Jesús y al no saber cuanto tiempo permanecería en Jerusalén aprovecho la noche. Se dirigió en términos
sumamente respetuosos ya que le llamó Rabí (maestro) que solo era aplicado a aquellos que habían recibido una preparación formal y le reconoció como enviado de Dios dado que sólo alguien así podía hacer las señales o milagros que él hacia. Pero antes que le alcanzare a formular una pregunta, Jesús, seguramente conociendo la intensión de su corazón (Jn.2:24-25), le habló sobre la necesidad del nuevo nacimiento o nacimiento de lo alto dado que ambas traducciones son factibles. Nacer de arriba es un acto sobrenatural de Dios por el cual, el hombre muerto en sus delitos y pecados, puede alcanzar una nueva vida en Cristo. El Espíritu Santo convence de pecado, lo convierte y lo regenera. La única base de esta nueva vida es la obra sacrificial de Cristo (Jn.3:14-16). La vida que Cristo ofrece es eterna pero esto no debe interpretarse solamente como una vida sin fin sino es una referencia a la calidad de dicha vida la cual es una participación de la naturaleza de Dios bendita, eterna, gloriosa, espiritual y santa. Estos versículos, además, nos proveen de una exacta definición de la fe que salva: "El que en el cree, no es condenado". La salvación se alcanza solo por la fe en Cristo Jesús y no mediante obra meritoria alguna. Bien hacemos en ponderar la profundidad de este rico pasaje, no debemos limitar su aplicación a la predicación del evangelio sino que nos es un gran beneficio volverlo a leer.
La última referencia a Juan el Bautista (3:22-36):
Juan el Bautista prosiguió su ministerio tal vez, como sugiere un autor, para evitar la apariencia de resentimiento por el creciente éxito de Jesús. J.C.Ryle declara que Juan exigía a quiénes acudían a él para bautizarse que confesasen que Jesús es el Mesías pero tal pensamiento es infundado dado que no hay texto bíblico que lo avale. La acotación del evangelista referente a que aun no había sido encarcelado es oportuna dado que una lectura superficial de Mateo 4:11-12 daría la idea de que Juan el Bautista fue apresado inmediatamente después de la tentación del Señor. El episodio se originó por una disputa entre los discípulos del precursor y los judíos referente a bautismo de purificación. Al ver que Jesús y más precisamente sus discípulos también bautizaban (Jn.4:2) discutirían sobre cual bautismo sería el mejor. A diferencia de su maestro, los discípulos de Juan, eran muy carnales. Juan el Bautista se ve obligado a poner las cosas en orden y les responde señalando las siguientes verdades: 1) Declara que el ministerio que el hacía no era por su propia capacidad sino un don de Dios. 2) Les recuerda que ya había señalado en más de una ocasión que Jesús era el Mesías. El era el precursor. 3) A través de una hermosa ilustración declara que Jesús era el esposo y el era su amigo. Recordemos que Pablo emplea la figura de Cristo como esposo de la Iglesia para destacar el estrecho e íntimo vinculo que une a ambas partes. 4) No solo manifiesta su alegría por el buen comienzo del ministerio de Jesús sino que también declara que "es necesario que él crezca, pero que yo mengüe" dando una vez más muestra de tener un corazón humilde. Los versículos 31 a 36 podrían ser palabras del propio Juan el bautista o como sugieren los exegetas modernos al considerar que se tratarían de reflexiones del apóstol Juan. Estos versículos muestran un contraste entre la humanidad del precursor y la Deidad del Mesías. Como vemos, el apóstol, no pierde de vista el tema que ha planteado en el prólogo o introducción de su Escrito. Finaliza esta porción recordándonos que aquél que cree en el Hijo tiene la vida pero el que se rehusa a creer esta sujeto a la ira de Dios. Notamos en esta porción nuevamente el ejemplo de Juan el Bautista y el final nos debe motivar a evangelizar ya que el que no ha creído está ya bajo la ira de Dios.



