Juliano el Apóstata, por la Avenida
POR GUSTAVO SÁNCHEZ (ROSARIO - SANTA FE)
Tengo dificultades para ver bien, pero eso no impidió que lo reconociera entre los transeúntes de la marea humana que inundaba la avenida. Lo identifiqué de lejos, lo suficiente como para esconderme y evitar el fortuito encuentro. Parecerá una actitud extraña y hasta cobarde, pero me hace muy mal verlo. No se trata de las burlas y ofensas que profiere sobre mi fe. No es ése el problema, sino en que ésas, precisamente eran sus convicciones en otro tiempo, yo las aprendí de él, y el cariño que le guardo es tan grande que me duele en el alma, cada vez que lo veo y hablamos. Lo hicimos muchísimas veces cuando lo visitaba al saber que estaba apartado. Recuerdo sus incisivas palabras: -Bueno, pasá…pero ¡no vamos a hablar de Dios!. ¿No?, ¿Y de qué vamos a hablar entonces?. Repetimos esta escena muchas veces, al principio, luego de charlas y aconsejamiento, volvía por un tiempo…luego de nuevo, era cíclico. Cosechó los resultados de sus decisiones: una familia destruida, y una vida miserable. Es que siempre es así, como decía Agustín de Hipona: “nuestro corazón no estará en paz, hasta que esté contigo”. Tuviste la “desgracia” de conocerlo, El no te va a dejar tranquilo, hasta que vuelvas a El, le dije varias veces.
La situación es muy común, lamentablemente. La Biblia nos habla por ejemplo de un tal Demas, según Filemón 24 “uno de colaboradores del apóstol Pablo”, o sea, un muchacho comprometido, uno que salió a la obra misionera, con todos los costos que esto implica: Pero hay algo que no andaba bien en Demas. En Colosenses, capítulo 4 Pablo nombra varios colaboradores, adjetivándolos a todos con virtudes, por ejemplo se dice de Tíquico, “amado hermano y fiel ministro y consiervo en el Señor”, de Onésimo, “amado y fiel hermano”, de Aristarco, “mi compañero de prisiones”, de un tal Jesús, llamado Justo: “me ayudan en el reino de Dios, y han sido para mí un consuelo” , de Epafras, “siervo de Cristo”, que “siempre rogando encarecidamente por los hermanos…..O de Lucas el médico amado, y…..cuando llega a Demas…queda así, a secas, se ve que no había ninguna virtud que rescatar, ninguna actitud que elogiar. No es de extrañarnos que un tiempo después, Pablo relate su triste deserción de las filas: ”Demas me ha desamparado, amando este mundo”( 2 Timoteo 4 . 10).
La historia post-bíblica nos habla de un joven criado en la iglesia, una verdadera esperanza para sus mentores…hasta que llegó a ser emperador. Se trata de Juliano, apodado trágicamente “el apóstata”, pues luego de llegar a ser emperador, se declaró pagano y persiguió a obispos. En una batalla contra los persas, cae alanceado, y su edecán pudo escuchar la lacónica expresión: “venciste, galileo”. El se dio cuenta que la gran lucha es con Dios, comprendió que no eran los persas los que lo herían, sino Dios, para que no siga pecando, es “en el corazón donde se libran las batallas “(como canta Marcos Vidal) . Lamentablemente las historias de Juliano y Demas son muy comunes… ¿por qué esperar a ser alanceado para rendirnos a Su voluntad?. No peleemos por el trono de la vida, démosle la preeminencia que le corresponde, a fin de no apostatar. Amén.



