Padres, ¿Qué Prefieren?

POR EDUARDO CORIA (BS. AS.)

Estas palabras van dirigidas en primer lugar a los padres con hijos adolescentes y jóvenes. Y nacen de la horrible impresión de ver imágenes reiteradas por la televisión de chicos y chicas inconscientes por el alcohol y las drogas, de automóviles destrozados “adornados” con subtítulos tales como “un muerto… tres heridos… botellas de bebidas alcohólicas…”Díganme, padres, ¿qué prefieren? ¿UN HIJO ABURRIDO VIVO O UN HIJO DIVERTIDO MUERTO? Porque esos espectáculos dolorosos y denigrantes tienen como común denominador no sólo el abuso del alcohol o la ingesta de drogas, sino la causa del abuso, que suele rotularse como “diversión”…Por cierto que la juventud tiene que ser una época alegre de la vida. “¡Los jóvenes ya tendrán tiempo de lidiar con los problemas de la vida!”, solemos decir. Sin embargo, uno no ve nada de alegre en esas imágenes patéticas que nos muestran a chicas lindas tiradas en el suelo, muchachos bien puestos pero incapaces de sostenerse en pie, autos y motos destruidos y pintados con el rojo de la sangre joven y… “divertida”.Frente a este panorama se escuchan frases como “algo hay que hacer… no sabemos qué hacer… se nos han escapado de las manos… ¿qué hace el gobierno?… ¿qué hace la iglesia?…, todas expresiones de impotencia pero también de comodidad y de desconocimiento del problema. Y les explico el por qué de estos calificativos.
La impotencia frente al desbarranque de parte de nuestra juventud surge de la perversión del concepto de libertad. Los jóvenes se cubren con la bandera de la libertad para esclavizarse con el alcohol y las drogas. Los padres no quieren sentirse culpables de los posibles traumas en sus hijos, y entonces en nombre de la “libertad” los regalan a esos amos implacables del alcohol y las drogas. Y terminan abriendo los brazos y confesándose incapaces de controlar a sus hijos, que digo controlar, incapaces de ayudar a sus hijos. Algunos padres dan un paso al costado por comodidad… porque quieren seguir viviendo su vida de egoísmo, de no compromiso. Se olvidan que los padres seguimos siendo padres hasta el fin de nuestros días, que nada nos libera de la obligación de ser ejemplos para nuestros hijos, de ser referentes en cuanto a la moral, el trabajo, la dedicación al prójimo; bueno, se olvidan de que ellos también son nuestro prójimo. Es innegable que muchos padres tienen apenas un conocimiento superficial de estos problemas. Y llegan a enterarse de su siniestra magnitud cuando tienen que ir a buscar a sus hijos en alguna comisaría, o a verlo en un hospital, o a acompañarlo al cementerio. Y en su mente resonará para siempre aquello de “Ah… si hubiera sabido…”Por otra parte, un factor secundario pero no menos importante, es el hecho de que las autoridades (todas, las autoridades políticas, educacionales, todas), lo mejor que hacen es lamentarse de lo sucedido. Porque suelen ser tan impotentes, cómodas e ignorantes como muchos padres. Y aunque estas autoridades suelen ser abusivas en muchos aspectos, en esto hacen gala de una desidia criminal.

Y acá estamos nosotros hoy. Me dirán: ¿Qué podemos hacer nosotros? Ojalá pudiéramos influir sobre todos los padres y todas las autoridades, pero la verdad es que casi lo único que podemos hacer es tratar de cumplir con el rol que nos toca en la vida. Somos padres, entonces no miremos para el costado, asumamos la responsabilidad que tenemos. O sea, ejerzamos con autoridad y amor nuestro papel de padres. Autoridad no es, por cierto, autoritarismo. Autoridad paterna meramente significa que como padres estamos sobre nuestros hijos. Que tenemos el deber y el privilegio de sostenerlos materialmente pero también de apuntalarlos moralmente. Que en la sociedad que es el hogar, son los padres los que mandan, y no los hijos. Que la corrección (noten que no digo castigo) es uno de los elementos con que contamos para ayudar a nuestros hijos a crecer derechos y a vivir rectamente ahora y en el futuro. Que nuestra vida será un ejemplo para nuestros hijos, y a veces un ejemplo correctivo. Repito: autoridad ejercida con amor. Quizás la frase: “Padres, ¿qué prefieren? ¿UN HIJO ABURRIDO VIVO O UN HIJO DIVERTIDO MUERTO?” no sea totalmente exacta; porque estar vivo de aburrido no tiene nada, o divertirse no siempre es sinónimo de muerte. Simplemente con esta frase he tratado de poner delante de nosotros una realidad cada vez más frecuente y dolorosa. Finalmente, pensemos en esta noche. Esta noche van a morir unos cuantos jóvenes. Algunos de ellos morirán victimizados por lo “divertidos” que son el alcohol o las drogas. Esta noche en unos cuantos hogares quedarán padres aturdidos por el dolor de esas muertes que pudieron haberse evitado, que ellos podrían haber evitado. Esta noche algunos estarán de duelo, un duelo que tendrá mucho de absurdo porque se podría haber hecho algo para impedirlo, algo que no se hizo. Demos a nuestros hijos un sentido de la alegría de vivir. Que no pasa por un sí fácil a todo lo que nos piden, ni por una permisividad irracional, ni por una postura de padres cancheros, sino pasa por el ejercicio de una autoridad real y empapada de amor. Si tenemos la sana ambición de que ellos sean mejores que nosotros, de que logren buenas cosas en la vida, enseñémosles a vivir, no los dejemos morir.

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