De Vuelta al Colegio. ¿Alegría o Fobia?

POR DR. OSVALDO JUAN MACCIO (AVELLANEDA - BS. AS.)

Las dos caras de la moneda escolar

Escena típica del primer día de clase en un Jardín de Infantes:
Caso 1: Un niño/a de 4 años se aferra desesperadamente a la pollera de la madre, indicando que no quiere separarse de ella. La madre aunque insiste en que se quede...por dentro cree que lo que el niño demuestra es un gran amor por ella.
Caso 2: El niño/a al entrar al Jardín y sin despedirse de su madre, sale corriendo a reunirse con los nuevos compañeritos que ni conoce. La madre se siente abandonada por su hijo...Yo me acerco y la felicito. Sorprendida me pregunta porqué. Le contesto que la conducta de su hijito/a demuestra que durante cuatro años ella le dio al niño/a lo que necesitaba para formar su personalidad y sin sobreprotegerlo. Ahora el hijo/a necesita del grupo de pares para su nueva etapa de sociabilización.

Cara 1- Al empezar marzo cambia todo.
Del ocio al trabajo. Lo que en ocasiones, y por contraste con el disfrute de las vacaciones, la vuelta a los días de clase produce angustia. Todo esto que nos ocurre a los adultos, les pasa a los escolares que tienen que volver al colegio y hacer un esfuerzo para adaptarse al ritmo académico después de dos meses de vacaciones. Ellos también necesitan un periodo de reajuste para entrar “con el pié derecho” en el nuevo año.

Comenzar un curso tiene sus alicientes. Vuelven los niños y niñas a reencontrarse con sus amigos del colegio. Montones de cosas que contarse del verano, compartir aficiones comunes... Todo ello hace el regreso más deseado. Además, está la novedad que supone otro curso, con maestros o profesores y materiales distintos y con algunos compañeros que quizá no conocen. No hay que olvidar tampoco el beneficio que supone cambiar de actividad tras meses de ocio que al final se pueden hacer pesados.

Nosotros los adultos sabemos que el volver de nuestros hijos al colegio, es como el volver de los adultos al trabajo: no es algo que hacen porque quieren, sino por obligación. Además, un cambio de ritmo como el que supone pasar de estar ocioso todo el día a padecer un horario apretado, si se realiza de un modo brusco y repentino, puede “pasar factura”. La pronta llegada de cambio de sueño, horarios y actividades extra-programáticas y extra-escolares, presionan a los escolares y estudiantes que, en ocasiones, no tienen tiempo para adaptarse a la nueva realidad

Cuidado con las actividades extra-escolares. Son muy beneficiosas, pero a veces resultan excesivas. Incrementan la responsabilidad de los escolares, ya de por sí considerable, y puede hacer que actúen con desgano. O que se reduzca su tiempo de juego y de relación con sus compañeros, imprescindible en esta edad para su desarrollo y madurez personal. Consulte con sus hijos a la hora de elegir y programar las extra–escolares, de modo que no sean una carga, sino una ocasión más, bien aceptada por ellos, para aprender y disfrutar

Para los padres, también el regreso a la rutina escolar es fuente de preocupaciones. Los gastos en libros, material, ropa o uniformes, el estrés de volver a controlar los resultados académicos de los hijos, y el hecho de que los colegios estén cada vez más lejos de casa, influyen en que también los padres nos pongamos un poco nerviosos. Veamos algunos consejos para que el paso de las vacaciones a las aulas no sea traumático:

  • Animar al niño/a ante el regreso al colegio. Que no lo vean como una carga u obligación, sino como una situación llena de novedades y atractivos. Revise con su hijo/a los libros de texto, las materias, los accesorios, de modo que se pueda ir acostumbrando poco a poco.

  • Interesémonos por lo que hacen nuestros hijos en las aulas. Y hagamos un seguimiento de lo que estudian. Si perciben que no nos interesan sus estudios, es más probable que no se esfuercen. Tengamos reuniones, que nazcan de nosotros, con los profesores y consejeros, para comprobar su evolución en clase y su adaptación a la nueva situación. No esperemos que nos llamen.

  • Compruebe que todo está en orden respecto al transporte (buenas rutas, comodidad y seguridad) y los comedores (atentos a la calidad nutritiva de los menús y al comportamiento de nuestros hijos ante la comida del centro escolar).

  • Comparta con sus hijos los estudios, hágales ver que no se trata sólo de memorizar sino de aprender y crecer como persona. Revise que lo hacen con provecho. Y escúcheles todo lo que pueda.

  • Busquemos juntos la bendición de Dios y encaremos el inicio del curso con energías renovadas y optimismo. Nos tienen que durar muchos meses. Todo tiene su atractivo, y la vuelta a cierta rutina bien entendida también puede ser agradable.

Cara 2 - La fobia escolar existe
Desde muy pronto en la vida de un niño la escuela se ha convertido en su segundo hogar. Y en ese ambiente se experimentan vivencias de relación que marcan la personalidad infantil y van a influir de manera decisiva en su vida futura. El niño que aterriza por primera vez en la escuela se ve arrancado de un medio familiar que le supone una protección total y, de repente, se encuentra con que tiene que convivir en un nuevo ambiente en el que se comparten el tiempo de atención, los materiales y juegos, los afectos...

El niño vive las primeras experiencias escolares como si se tratara de un  juego, pero se encuentra con niños transformados en rivales, que le producirán sus primeros disgustos y ansiedades como ser humano en sociedad. Pronto va a descubrir (particularmente, los hijos únicos) con tristeza, resignación o rebeldía que el mundo no es sólo para él y se pasará buena parte del tiempo reclamando la atención de los adultos, rivalizando con los demás niños. Estas sensaciones son en ocasiones tan fuertes, que aparecen síntomas de fobia escolar: llanto de repetición, insomnio, trastornos de la alimentación, descontrol de esfínteres y otros.

¿Existe la la fobia escolar? ¿Qué es? Este síndrome se caracteriza por un manifiesto rechazo a la asistencia al “cole” e implica un temor irracional por alguna situación particular. Los síntomas incluyen: dolor abdominal, náusea, vómito, diarrea, dolor de cabeza, palidez y debilidad, que aparecen por la mañana antes de ir a la escuela y por lo general desaparecen antes que terminen las clases, y no aparecen los fines de semana ni días festivos. Las fobias son una forma de miedo que responde a estas características: son desproporcionadas a la situación que desencadena la respuesta de miedo y están relacionadas con estímulos que no son objetivamente peligrosos, no pueden ser eliminadas racionalmente porque están más allá del control voluntario, tienen larga duración, interfieren considerablemente en la vida cotidiana del niño en función de las respuestas de evitación, y suelen aparecer con más frecuencia entre los 4 y 8 años.

La fobia escolar es el rechazo prolongado que un niño experimenta a acudir a la escuela por algún miedo relacionado con ella. Es poco común y tiende a darse con más frecuencia entre los 3 y 4 años, o entre los 11 y 12 años, y afecta a más niños que niñas. El comienzo es repentino a esta edad. Está causada por factores externos. Es un miedo más racional y de una anticipación de consecuencias negativas asociadas a la escuela, así como de una relación muy dependiente con la madre y de la proliferación de temores inespecíficos (oscuridad, ruidos).

En mayores y adolescentes es más gradual, de carácter más intenso y grave y con peor pronóstico. Está causada por factores internos. Es un miedo de origen psicológico. La fobia a la escuela viene precedida o acompañada de síntomas físicos de ansiedad (taquicardia, trastornos de sueño, pérdida de apetito, palidez, nauseas, vómitos, dolor de cabeza) El resultado es la conducta de evitación. La fobia estudiantil está asociada a otros trastornos clínicos, como la depresión y una baja autoestima.

Lo que predispone a la fobia escolar. Son los trastornos de ansiedad o depresión de los padres, algunos factores relacionados con la escolaridad (como el temor a un profesor o a uno o varios niños) o sucesos vitales negativos, como una enfermedad prolongada o la separación de los padres. La fobia escolar puede denotar la existencia de una fobia específica (temor a ser herido en los juegos del recreo), social (temor a ser ridiculizado), o de una ansiedad de separación. Lo más recomendable es el tratamiento del psicólogo, mediante terapia. Los niños con un temor irrazonable de asistir a la escuela pueden sentirse inseguros si se quedan solos en su habitación, demostrar un apegamiento excesivo a sus padres, una preocupación o temor acerca de sus padres o de que le puedan hacer daño, tener dificultad para dormirse, sufrir pesadillas o manifestar rabietas cuando se les obliga a ir a la escuela.

Crisis de angustia. Algunos niños las sufren al ser separados de sus padres. El cuadro clásico ocurre en ansiosos, tímidos y dependientes en exceso, con madres autoritarias o muy complacientes y padres pasivos. Estas madres frecuentemente sienten temor a que su hijo se aleje de ellas y le transmiten su ansiedad. A medida que el niño se angustie más por ir a la escuela, más se preocupará la madre por su miedo y así se generará un círculo vicioso, donde la ansiedad de la madre afecta al hijo y viceversa, empeorando los síntomas de separación.
En ocasiones, existe una circunstancia que lo precipita, como las experiencias desagradables en el colegio, enfermedades, un nuevo hermano en casa o discusiones conyugales. El temor a la separación y el resentimiento por el dominio de los padres se proyectarán en la escuela, haciéndola parecer un lugar peligroso, donde el niño siente que puede ser castigado o atacado.
- Un niño de 13 años se echaba a llorar apenas comenzaba el día escolar cayendo en profunda depresión...descubrimos que su temor estaba basado en encontrar al regreso a su hogar que sus padres se hubieran separado. Los padres peleaban y amenazan continuamente con separarse.

Cómo actuar ante la fobia escolar

  • Ante síntomas gastrointestinales u otros, consultemos con su pediatra para descartar una enfermedad orgánica.

  • Los padres deben reconocer, en su caso, que han mantenido al niño demasiado atado a ellos y hacerle volver cuanto antes al colegio.

  • Uno de los padres puede acompañarlo hasta la clase, e incluso permanecer allí un breve período de tiempo.

  • Si el niño pide irse a casa por dolor abdominal u otros síntomas, deberá ser atendido por los servicios médicos, que determinarán si sus molestias son reales o ficticias.

  • Pero antes pongamos estas dificultades delante de Dios en oración juntos en familia. Nuestros hijos deben saber desde muy niños que el Señor debe estar presente en todas las circunstancias de la vda.

Pero los miedos irracionales y las fobias pueden estar causados por problemas más profundos que el rechazo escolar. Por eso debe ser un especialista quien valore la oportunidad de tratar la situación con unos consejos apropiados o con un proceso terapéutico más intenso.

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