Breves Comentarios del Evangelio según Juan
POR ADRIAN MONTES (BAHIA BLANCA / ARGENTINA)
14. La confesión de Pedro (6:60-71):
Para los judíos y aun para muchos discípulos (no se treta en este caso de los doce sino de otros seguidores), las palabras de Jesús, resultaron escandalosas al punto que muchos se volvieron atrás (ver vers. 66). "Dura es está Palabra ¿Quién la puede oir?" entendiendo en este caso el verbo oir como creer, recibir y obedecer.
¿Cuánto más difícil sería que éstos comprendan que él ascendiera al cielo?. A tales incrédulos Jesús les declara una triple proposición (vers.63): 1) El Espíritu es quien vivifica: haciendo referencia a la obra del Espíritu Santo (Ro.8:2). 2) Las palabras que yo os he hablado son espíritu y vida: las Escrituras y las palabras que pronunciara Jesús tienen la facultad de dar luz y vida al lector u oyente dado que su Autor es el creador y redentor de la vida. 3) La carne de nada sirve: haciendo referencia a que la nueva vida no puede conseguirse por esfuerzo humano alguno. La sola fe en el Hijo es suficiente para alcanzar la salvación. Hay quiénes conocen a Jesús exteriormente pero en realidad no han sido vivificados (2Co.5:16) y esto se comprueba en este mismo pasaje dado que muchos "discípulos" se volvieron atrás. En esto consiste la apostasía y no nos debe de extrañar que en nuestras Iglesias haya aparentes seguidores de Cristo que no han nacido de nuevo. La razón es que nadie puede venir a él si no le ha sido dado por el Padre. Dios Padre es quien atrae a las almas dándoles gracia, fuerza y un corazón dispuesto para creer. Para tan brillante declaración doctrinal el final fue muy triste ya que aun entre los doce había dudas y uno era del diablo. Las palabras de Pedro, en tanto, traen luz a sus propios compañeros: "¿Señor a quién iremos?. tu tienes Palabras de vida eterna. Y nosotros hemos creído y conocemos que tu eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.". Esta debe ser nuestra confesión tanto de palabras como de hechos.
15. Jesús y sus hermanos (7:1-13):
La hostilidad de los lideres judíos era ya un hecho públicamente conocido: procuraban matarle. Mientras tanto, Jesús, andaba por Galilea lo cual implica que recorría la zona desplegando una gran actividad. Su estancia en Galilea no se debió a cobardía sino a que actuó prudentemente. El encuentro con sus hermanos (o medio hermanos ya que eran hijos de María y José) ocurrió cerca de las fiesta de los Tabernáculos. Esta fiesta judía, celebrada prácticamente en nuestro mes de octubre, duraba 8 días y recordaba la peregrinación en el desierto del pueblo de Israel. Tres fueron las razones por las cuales creían que Jesús debía subia la fiesta: 1) La proximidad de la fiesta. 2) Los discípulos de Jesús que vivían en Judea también querían ver sus milagros. 3) Además le sugirieron un modo de proceder impropio al señalarle que debía manifestarse al mundo de un modo espectacular tal como Satanás se lo había propuesto al tentarle. Si bien no creían en él no debemos pensar que procuraban matarle. Ellos pensaban que el Mesías debía manifestarse poderosamente para que el mundo creyese y tal vez, como señala un comentario, pensaban que esa gloria se reflejaría sobre su familia. La respuesta de Jesús destaca su mansedumbre. En primer lugar señala que su tiempo aun no había llegado en referencia tal vez al momento oportuno de subir a la fiesta o a su manifestación publica como el Mesías tal como sus hermanos deseaban. En segundo lugar, señala que el mundo le aborrecía, implicando que pondría su vida en peligro mientras que sus hermanos no corrían riesgo alguno. Tras la despedida leemos que en Jerusalén se lo aguardaba con cierta expectación. La paciencia que el Señor tuvo con sus hermanos es un ejemplo para nosotros ya que este trato cortes debió ayudar a que ellos luego creyesen y llegasen más tarde a ser importantes lideres de la iglesia.
16. Jesús sube a la fiesta (7:14-36):
A la mitad de la fiesta, es decir, pasados tres o cuatro días, Jesús subió al templo y enseñaba a la multitud. Sus enemigos quedaron asombrados de la calidad de su enseñanza así como también fueron sorprendidos por la osadía de aquel al que procuraban matar. Los líderes cuestionaban el origen de su doctrina y en respuesta a tales interrogantes, Jesús, establece un dialogo con ellos. Podríamos valernos del siguiente bosquejo para analizar el discurso del Señor: 1) El origen de su doctrina: los judíos estaban ofendidos porque enseñaba a pesar de no haber asistido a ninguna escuela rabínica. Esto obliga al Señor a hacer las siguientes aclaraciones: a) El enseñaba la doctrina del Padre (comp. Jn. 17:8 con He.1:1-2) y lógicamente el estaba de acuerdo con la misma. b) El no era el centro de su enseñanza, como destaca Matthew Henry, sino llevaba a sus oyentes al conocimiento de Dios. Atendiendo a estos principios, podemos suscribir a la idea apuntada por F.B.Meyer, quien afirma la profunda modestia del Señor al no pretender gloria alguna dando todo el crédito al Padre por la enseñanza que impartía. 2. Su doctrina era consecuente: ellos afirmaban guardar la ley pero en realidad no lo hacían. Jesús les recuerda que el odio a su persona comenzó cuando curó a un paralítico el día sábado que aún sus acusadores no respetaban. Si un niño nacía un día de reposo era circuncidado al siguiente día de reposo. El argumento del Señor es que si por cumplir con una importante ceremonia hacían una excepción en la rigurosa ley del sábado cuanto más autorizado estaba Jesús para beneficiar a un hombre un día de reposo. Este discurso del Señor culmina con una reafirmación respecto a su procedencia y el desconcierto de sus oyentes. Los Fariseos intentaron prenderle pero aun no ha llegado su hora. Hubo un pequeño grupo que creyó. Este pasaje nos anima a valorar la doctrina u enseñanza del Señor.



