Reflexiones Ante el Extravío de la Diversidad
POR CARLOS BISIO (BS AS - ARGENTINA)
Me interesó por su tema el artículo El compromiso del liderazgo (del número anterior). Llamó mi atención su estilo galano y su lenguaje certero. Condición esta última que me dio la certidumbre de que cada término expresado estaba concienzudamente empleado. Este hecho es el que más me preocupó al avanzar en la lectura pues comencé a percibir conceptos que, sin duda alguna no son producto de apresuramiento o de un acto irreflexivo, y pueden llegar a sembrar confusión en medio del pueblo de Dios .Como no es mi propósito iniciar una polémica doctrinal si no contribuir al esclarecimiento de aspectos puntuales para que verdaderamente podamos experimentar que somos uno en el Señor, es que paso a enumerar las cosas que me llamaron poderosamente la atención:
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Comienza diciendo que la “Biblia no es un libro de definiciones” y que “toda definición limita y, en cierta medida, segrega”. En esto último coincidimos ya que desde un punto de vista muy general la definición equivale a la delimitación (de-terminatio, de-finitio). Delimitamos un ente con respecto a otro. Una expresión por la cual se indica lo que es una cosa. En lo que no coincidimos es en cuanto a lo que expresa respecto de la Biblia. ¿Acaso Dios por Su Palabra no determina y limita? Muchos ejemplos podríamos mencionar de las Escrituras: ¿no fue delimitado el hombre? ¿el hijo de Dios no está segregado ante el mundo y sus placeres? Dios habla a sus hijos de manera clara, categórica, determinada y definida por Su Palabra. Lo contrario sería tener un Padre eterno con su hablar sujeto al relativismo imperante e impuesto por Satanás. Pobrísimo y desorientador todo ministerio basado en un libro que no sepa dar clara delimitación a temas que hacen a la salvación o perdición en la vida eterna.
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Participamos de la idea de la unidad en la diversidad como asimismo de la unidad de la iglesia en cuanto “se establece con la unidad de hipóstasis” es decir la unión de dos naturalezas en una. Pero nos preocupa la utilización del concepto de inmanencia ya que, según ciertas corrientes filosóficas, el inmanentismo sería “una doctrina que sostendría el primado de la experiencia religiosa interna sobre el conocimiento discursivo de Dios”. Dicho de manera llana: ¿cuál sería entonces la aplicación de Romanos 12.1 “presentando nuestros cuerpos en sacrificio vivo… que es vuestro culto racional”?
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Tras realizar “una pincelada histórica” de las asambleas, su irrupción en el siglo XIX y una sucinta conclusión de que “no han sido capaces de mantener la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz” propone la creación de “un espacio de libertad entre las Asambleas que haga posible la reflexión teológica desde un absoluto respeto a la Palabra y que sea el motor que conduzca a un cambio en la situación actual”. Inmediatamente nos preguntamos ¿reflexión teológica para provocar un cambio de doctrina o de conductas? ¿“reflexión teológica desde un absoluto respeto a la Palabra” que no es más que, según dice, un libro sin definiciones? La respuesta está en los subtemas que aborda seguidamente: a. liderazgo, b. el sacerdocio universal del creyente y sus consecuencias, c. dones espirituales y ejercicio de los mismos, y d. ministerio femenino en la iglesia.
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En realidad el Liderazgo es un pretexto para avanzar provocativamente sobre conceptos que hasta ahora, según el autor, se han determinado “por sistema tradicional”. Con la propuesta de espacio de reflexión teológica se pretende invalidar la enseñanza que desde siempre se ha impartido en las asambleas en Argentina y anular el consejo apostólico dado a los filipenses: “en lo que hemos llegado sigamos una misma regla” o la exhortación en Judas “que contendáis ardientemente por la fe dada una vez”. Para lograr tal fin dice que: “El sacerdocio no hace distinciones… tan sacerdote es un hombre como una mujer y, tiene el mismo derecho espiritualmente hablando para ejercer su ministerio sacerdotal en la iglesia…. Limitar el ejercicio sacerdotal en alguna medida a unos o a otros es contravenir el propósito y determinación de Cristo. Más adelante, agrega, que: “Situación semejante está en… los dones espirituales… tiene que abrirse una sincera investigación sobre los dones que están operativos y los que no están. Ya no debe hablarse de dones vigentes y no vigentes”. Y finaliza afirmando que: “De la misma forma, la reflexión bíblico-teológica ha de ir orientada a definir la participación y el alcance del ministerio femenino en la iglesia…. Se les prohíbe la participación en el culto eclesial. Ese tomar un determinado texto para sustentar un principio bíblico de actuación ignorando otros muchos que evidencian el ministerio femenino en el culto público…. Es una falta de consideración a la sana exégesis de la Palabra”. Todo esto amerita una reflexión: ¿A más de 125 años de tareas en Argentina debemos cambiar la enseñanza recibida? ¿Debemos reconocer que nuestros pastores se equivocaron y participaron de un esquema tradicional, no reflexivo? ¿nuestros enseñadores practicaron una mala y desconsiderada exégesis de la Palabra? Cuando una verdad se ha recibido, debemos mantenerla y enriquecer la enseñanza contendiendo ardientemente por la misma.
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Estamos totalmente de acuerdo en lo que al finalizar el artículo propone: “una sana discusión sobre cosas generales…. Comprendiendo otras formas de hacer las cosas que otros hermanos puedan entender como correctas”. ¿Quién no puede estar de acuerdo en esto? Siempre y cuando podamos discernir las enseñanzas escriturales de lo que son cuestiones de costumbre y forma. Quien no sepa hacer esta distinción servirá para confundir e inducir al error al pueblo de Dios.
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Pero lo que más me ha azorado y perturbado es la actitud que denota el artículo en lo que se refiere a la enseñanza impartida en las asambleas. Frases como: a. “La absurda idea –por no decir antibíblica idea- de que la formación de los maestros debe producirse en el seno de la congregación local”; b. “Para suplir este problema han surgido como hongos…. Algunos que se consideran a ellos mismos como maestros bíblicos y que dedican en sus sermones un espacio considerable a explicar palabras griegas, cuando no conocen el griego o tienen en el mejor de los casos, ligeras ideas tomadas y copiadas de otros”; c. “Una falta de enseñanza sistemática y sólida trae consigo el infantilismo espiritual de los creyentes”; “chismes y críticas infundadas hacia los maestros bíblicos…… que de alguna manera, impide a congregaciones el ministerio de gente formada que ha sido cuestionada por quienes…..sienten envidia humana contra los maestros de la Palabra” son conceptos que merecen una respuesta puntual:
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En Argentina el mayor crecimiento, luego de la etapa misionera inicial, se ha registrado debido a la tarea de los que sin saber griego expandieron y multiplicaron el testimonio de las asambleas. Los mismos que sin envidias y egoísmos abrieron las puertas de las congregaciones a los que, sin tapujos y con humildad, vinieron con sus conocimientos a contribuir al fortalecimiento de la obra. Así lo muestra nuestra historia.
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La Escritura nos enseña que no debemos tener mayor concepto de sí, cosa que parece ignorar el autor quien puesto a pontificar se erige en descalificar con frases altisonantes: “la absurda idea”, “infantilismo espiritual”, “han sentido rechazo a la formación teológica”, etc., a los que con sus ministerios congregacionales contribuyeron al crecimiento de la obra.
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Nos queda el amargo sabor de estar ante la triste actitud de menoscabo de nuestros mayores a quienes la actual generación, mayormente compuesta por profesionales, debe lo que es y ha recibido una riquísima herencia espiritual que excede todo nivel de preparación teológica.
Querido hermano, entiendo que estas líneas merecen su publicación por el mismo medio en que vio luz el artículo de marras. Pero también que se deben cerrar con algunas conclusiones que son necesarias.
No es diversidad, o más bien, es el extravío de la diversidad el:
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“abrirse”, después de casi dos siglos de existencia, a “una sincera investigación sobre los dones”. ¿Lo anterior queda descalificado porque no fue hecho con “sincera investigación”?
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“Definir la participación y el alcance del ministerio femenino en la iglesia”, ahora, hoy, transcurrido tanto tiempo de vida congregacional en las asambleas. ¿Acaso el tema no estuvo bien definido y enseñado? Sí, y apoyado con numerosa bibliografía erudita de hermanos calificados desde los inicios europeos a la fecha.
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La “falta de consideración a la sana exégesis” ¿no es ciertamente una falta de respeto a nuestros mayores que en todas las épocas del movimiento de los hermanos sostuvieron una adecuada exégesis sin pretender discriminar a los demás por sus conocimientos? En realidad ellos ejercieron la enseñanza en tres niveles, los que en el ambiente académico-científico serían enunciados como de divulgación, de investigación aplicada y de investigación básica.
Además de todo esto
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¿se impide en las asambleas en Argentina el ministerio a hermanos formados teológicamente? O ¿se espera de los maestros de la Palabra más que expresiones galanas el respaldo de iglesias pujantes en las cuales se congreguen? ¿aquellos que dictan cátedra de cómo crecer pertenecen a iglesias que han crecido o decrecido?
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¿qué significa diversidad? Según el Diccionario de uso del español, de María Moliner, Diversidad es la circunstancia de ser distintos o múltiples, como la diversidad de caracteres o la diversidad de climas. Pero nunca la diversidad anula el todo porque ella es parte, en sus circunstancias de multiplicidad del todo. A manera de ejemplo pensemos en la indisoluble diversidad de la multiforme sabiduría de Dios.
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El vocablo diaíresis es utilizado por tres veces consecutivas en 1 Corintios 12:4-6 como diversidad en la RV60 y la Moderna de Pratt, pero en la RV 1909 lo es como repartimientos. Sin embargo este término tiene en el griego un uso más variado que enriquece la idea: división, distribución, reparto, distinción, diferencia y es aplicado más bien a actividades que a conceptos.
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La auténtica diversidad es integradora y no discrimina entre sistema tradicional o espacio de libertad y reflexión teológica.
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La auténtica diversidad no conduce al intelectualismo espiritual sino más bien a la búsqueda integradora y humilde de la definida verdad bíblica.
Con todo afecto en el Señor Carlos A. Bisio
Buenos Aires, octubre de 2009



