Robándole el Trabajo a Dios
POR HEBER GALLITTO (PARANA-ENTRE RIOS-ARGENTINA)
Un predicador que le presenta su plan de trabajo a Dios. Luego que el Señor escucha lo que este siervo hará, exclama: “¡parece que no dejaste nada para mí!” El evangelismo moderno tiene una serie de pasos que incluye hasta uno que dice: “hazle repetir la oración del arrepentido para que sea salvo”. Esto es “robarle el trabajo a Dios”.
La misión del testigo es anunciar “las virtudes de Aquel que nos llamó de las tinieblas a su luz admirable”, debemos rogar a los hombres cual Pablo: “reconciliaos con Dios” debemos ir y predicar el evangelio. La misión es sembrar la semilla que es “la Palabra de Dios”. Cuando Dios decidió tomar forma humana lo hizo de la siguiente manera: María concibió del Espíritu Santo, sin intervención de varón. Si la obra de la encarnación fue hecha con la obra exclusiva del Espíritu Santo en un ser humano, sin intervención de varón, ¿Será que la regeneración, el nuevo nacimiento es una obra nuestra, sin intervención de Dios?
Debemos recordar que en cada persona que nace de nuevo “lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es” Mt. 1:20. En la actualidad se está dando más importancia a la agencia humana, que a la obra espiritual de Dios en el corazón. Y nos parece que lo más importante es lograr una respuesta de parte del hombre. Manos levantadas, repetir una oración, hacer una decisión por Cristo. No estoy diciendo que esté definitivamente mal el levantar las manos, o el guiar en una oración al pecador, sino el abuso de estas formas de pedir una decisión por Cristo.
En San Juan 4 Jesús les da a los apóstoles directivas acerca de lo que es el trabajo del testigo. Si nos detenemos allí verás la manera en que lo desarrolla:
*El tiempo oportuno. “¿No decís vosotros: ‘aún faltan cuatro meses para que llegue la siega?’ He aquí os digo:.. ya…” (v35). El tiempo para trabajar en la mies del Señor es ¡YA! He aquí el proyecto SICAR. En ese momento Jesucristo estaba frente a un plato de comida sin tocar, los discípulos le insistían en que comiera, pero él tenía los ojos puestos no en la comida, sino en la ciudad. La mujer samaritana había tenido su encuentro con Cristo y se dirigía a la ciudad para decirles a los hombres que ella había conocido personalmente al Mesías, quien sabía todo lo que ella había hecho, al Cristo, el Salvador del mundo. Era un tiempo único y le quedaban apenas unos minutos para capacitar a su equipo para este proyecto de cosecha. Él les dijo que ellos creían que faltaba mucho para la cosecha, pero a continuación les dijo que los campos ya estaban listos.
*La visión correcta “Mirad los campos, porque ya están blancos para la cosecha” (v35). En ese momento, mientras Jesús les estaba dando indicaciones, la mujer samaritana les daba indicaciones a los hombres de la ciudad. El Señor miraba los corazones de ellos y sabía que ya estaban preparados para reconocerle como el Señor y Salvador. Pudo definir que el campo espiritual en Sicar “estaba blanco para la cosecha”. El reconocer cuál es el estado espiritual de una ciudad es importante. Muchos aplican mal este versículo, pues lo sacan del contexto y le hacen decir a las Escrituras otra cosa. ¿Cuál era el campo blanco para la cosecha? No se trataba de todo el mundo, sino de un lugar geográfico particular: Sicar. Sí, Sicar estaba listo para ser cosechado. Esto no ocurría en otra zona de Samaria donde los habitantes no lo recibieron (Lc. 9:52-53), ni en Gadara donde le pidieron por favor que saliera de sus contornos (Mt. 8:34) o en Jerusalén donde el Señor tuvo que llorar diciendo “Jerusalén, Jerusalén que matas a los profetas y apedreas a los que te son enviados”. De hecho allí crucificaron al Mesías. ¿Y Corazín? ¿Y Betsaida? ¿Eran campos blancos para la cosecha?
No es lo mismo estar predicando el evangelio en Bolivia, que en países musulmanes; hay diferencia entre los resultados América Latina que en Europa. Nuestro celo por la comparación nos hace tener la visión errada y cerrada. Si hay lugares donde hay progreso, es porque antes otros tuvieron que pagar el precio. Y si en tu lugar la tierra es dura e infértil Dios no te pide que tengas una gran cosecha, sino una gran siembra, o una arada o como quieras llamarle. No pongas bozal al buey que trilla y no pidas cosechas al que está sembrando.
*La recompensa compartida “Y el que siega recibe salario, y recoge fruto para vida eterna, para que el que siembra goce juntamente con el que siega.”(v36) Los premios no se dan en la tierra, se darán en el cielo. El salario del que siega es el mismo que el del sembrador. ¿Por qué razón se mide el premio? ¿Por la cantidad de semillas que se tiraron? ¿Por la cantidad de plantitas que se cosecharon? No, sino por la manera en que se trabajó. Si fue con fidelidad. Recuerda siempre esto, mi hermano: Dios no mide lo que traemos, lo pesa y el peso está en la fidelidad no en el éxito humano.
*La ocupación específica “Porque en esto es verdadero el dicho: uno es el que siembra, y otro el que siega” (v37) ¿Puedes verlo? Cuando tienes la visión correcta y sabes cuál es tu lugar en esa tarea que se nos manda realizar, entonces no te preocuparás de hacer lo que a otro le corresponde. O, peor aún, insistir en robarle el trabajo a Dios. Uno es el que siembra y otro es el que siega. Pablo decía “yo planté, Apolos regó; pero el crecimiento lo ha dado Dios” (1ª Co. 3:6).
Imagina una mujer embarazada que va al ginecólogo porque entró en el quinto mes. El ginecólogo ve el niño se está desarrollando bien, y calcula nacerá cuando él esté de vacaciones. Entonces, para que no le roben el paciente (o cliente) le dice a la mujer “mira, está tan bien que vamos sacar a tu bebé, así puedes disfrutar de él ahora”. Le inyecta medicina para aumentar las contracciones y la hace entrar al quirófano y logra que el bebé nazca. ¿Cómo crees que nacerá? Algo anda mal. El bebé nace pero nace muerto. ¿Y porqué? ¿Acaso no estaba bien el embarazo? Sí, pero el médico apuró el proceso y no dejó que el niño madurara lo suficiente en el vientre materno para nacer. Y déjame decirte que eso es lo que sucede cuando salimos a predicar y le decimos a una persona que todavía no ha entendido bien el evangelio “mira, lo que tienes que hacer es repetir la siguiente oración y te salvarás.” Y le hacemos nacer a la fuerza y ya nace mal y termina muriendo. Esto es aborto espiritual. Y el aborto, no importa si físico o espiritual, no importa si de buena fe o con astucia, para Dios es pecado.
*La comisión divina “Yo os he enviado a segar lo que vosotros no labrasteis; otros labraron, y vosotros habéis entrado en sus labores” (v38) ¿A que les envió el Señor? A ellos los envió a cosechar, pero antes a otros había enviado a sembrar y labrar. Jesús sabía cómo era el corazón de los discípulos y cómo es nuestro corazón. Nos encanta que en nuestro ranking aparezca una cifra extraordinaria. Nos gusta soñar con los primeros lugares, el dar un informe impactante, el ser referente en tal o cual materia, y sentir ese egocéntrico sabor del aplauso de los hombres. Por ello Jesucristo les previene y les dice que serán actores y espectadores de una poderosa obra de Dios, pero que no se crean que esto suceda gracias a ellos, que no se jacten de los resultados. Otros sembraron antes que ellos y no vieron resultados, para que ellos, pudieran cosechar lo que los primeros sembraron. Como dice Ray Comfort “Si hoy cosechas con gozo, es porque otro sembró con lágrimas”. Recuerda siempre que si Dios te da el privilegio de ver nuevos nacimientos no es por tu obra, piensa en que Dios estuvo obrando en esta persona y hubo otros que tuvieron que pagar el precio de no ver resultados.
Si el trabajo en el Señor no es en vano, entonces cuando nuestro trabajo no está basado en el Señor (como él enseño) entonces nuestro trabajo sí será en vano. Y cuando trabajas en vano lo que haces es ocupar el tiempo y entretener; y nada de ello quedará.
HEBER GALLITO es misionero, radicado en Paraná – Argentina, autor de numerosos escritos y materiales, dedicados especialmente al evangelismo.



