Usando la Crítica a Nuestro Favor
POR CLAUDIO DA SOUZA (VILLA TESEI-BS AS- ARGENTINA)
Observando en este último tiempo algún aspecto de nuestras vidas que pueden necesitar ayuda de la Palabra de Dios, creo que uno de las áreas donde es preciso volver remarcar ciertas verdades es la de nuestra reacción ante la crítica de los demás, sea lo que sea que estemos haciendo, o sea si critican algunas acciones tuyas en el ambiente “espiritual” o en el “terrenal”.
Lo primero que debemos reconocer cada uno de nosotros es que la critica es algo que nos desagrada. Normalmente porque queremos hacer las cosas lo mejor posible, y que otra persona que se nos acerque y nos muestre que no lo hicimos “tan excelentemente como pensamos” es un hueso duro de roer.
Otras veces ocurre que el nivel de exigencia del “criticón” es tan alto que normalmente lo que el pide o piensa que se debe hacer es algo imposible de alcanzar. Hemos hecho un esfuerzo casi sobrehumano para recibir ninguna crítica y sin embargo, todavía había algo “para mejorar” y nosotros nos enfurecemos (aunque sea en nuestro interior) o nos desanimamos, porque pensamos que nunca vamos a complacer al “criticón”. Recuerdo que en una época mía como docente, antes de nuestro viaje a Venezuela, que daba clases en una escuela privada. Los primeros 2 años estaba terminando mis estudios como profesor de informática, y cada crítica la tomé con la mejor de las actitudes pensando que podía mejorar cada vez. En el 3º año de trabajo en el lugar puse todo mi empeño para no recibir ninguna crítica. Todos los aspectos en los cuales las autoridades de la escuela se fijaban fueron cuidados por mí hasta el mínimo detalle. Durante todo el año fue todo bien, hasta que llegado el aniversario en fines de octubre realizamos un gran festejo ya que la escuela cumplía 50 años de antigüedad. Fue una fiesta hermosa, un día sábado. Comenzamos a las 14:30 (nosotros tuvimos que ir una hora antes) y terminó a las 20:30. El gimnasio de la municipalidad estuvo lleno y no hubo fallas ni desorden a pesar de la cantidad de personas. ¡¡Todo había salido bien!!
A las 20:45, extenuados, nos retiramos la mayoría de los profesores, luego de quedarnos en un pequeño agasajo donde estaban todos los docentes, aunque la verdad no estábamos muy seguros que si debíamos estar ahí o no, porque había muchas autoridades educativas de la zona.
Pasaron unas semanas y era necesario hacer la evaluación de toda la actividad. Yo pensaba “Bueno, supongo que ahora las autoridades nos felicitarán y todos estaremos alegres”… que sorpresa fue cuando, en la primer reunión de profesores con directivos que pudimos hacer, casi a fines de noviembre, el comentario fue que había desagrado entre las autoridades porque “nos habíamos retirado sin brindar al final de todo el festejo”. Para mí ya fue suficiente. A partir de ahí, ya no intenté mas tratar de satisfacer y no recibir críticas de personas que nunca consideraban mis esfuerzos (y los de los demás docentes). Sabía que siempre los iba a recibir. Ese desánimo no era lo que Dios hubiera querido ver, pero fue lo que ocurrió.
Otras veces he visto y oído a personas reaccionar con furia ante la crítica, lastimando todo lo que encuentre a su paso, especialmente al que vino a darle su opinión acerca de algo que, según su parecer, podría haber salido mejor. En este párrafo quiero recordarles que la ira no siempre se manifiesta en una gritería infernal o insultos por doquier. Una persona puede estar dominada por la ira interiormente y sacar sus mas “filosos comentarios” (Proverbios 12:18). Sin necesidad de levantar la voz, se puede destruir vidas de la misma manera o peor que otros que manifiestan su ira gritando. Y se los recuerdo porque lo he visto y oído. Personas que han sido profundamente heridas por comentarios hechos a veces, hasta con una sonrisa entre dientes, o de forma muy amable… pero claro, sin una pizca de amor o de esperanza tan necesaria.
Igualmente, volviendo a nuestro tema principal, ni la ira ni el desánimo son reacciones correctas ante la crítica. Cuando reaccionamos así, no estamos utilizando la crítica a nuestro favor, sino en nuestra contra. Nos queda un sabor amargo en nuestras vidas, y el recuerdo solo produce más ira, o más desánimo. Lo recordamos y sufrimos una y otra vez. La pregunta que debemos hacernos en primer lugar es: ¿Dios ha permitido la crítica para obtener este resultado en mi vida? Yo creo que no. Así que seguramente hay algo que no estamos haciendo de la manera bíblica.
De tantos años de ver a personas frente a la crítica, y de tanto verme a mí reaccionar ante la crítica, se me ocurrió que nuestras reacciones se pueden resumir en tres grupos. Quizás haya mas formas, no lo descarto, normalmente todas las cosas siempre se pueden mejorar, estas líneas no están inspiradas divinamente, o sea… ¡aceptan críticas! (aunque cueste un esfuerzo de mi parte… Jajaja)
Les decía entonces que estas reacciones se pueden agrupar en 3:
1) HUMILLACIÓN: Cuando recibimos las críticas, una de las reacciones más comunes es empezar a demostrarle al crítico que él también se equivoca, y que es falible. Usamos versículos como “te fijas en la paja en el ojo ajeno, y no te das cuenta de la viga que hay en el tuyo” (Mateo 7:3-5) muy útiles para estos casos, aunque muchas veces usados en forma exagerada. Pero de esta forma logramos bajarlo a una altura menor a la nuestra y de esta manera, desvalorizar su opinión: “¿Qué puede decirme éste hermano, si es bla bla bla…” y continuamos. De esta forma, desestimamos su crítica y no la escuchamos.
La verdad es que si bien quizás el crítico puede tener una actitud juzgadora y arrogante, con otros críticos no es así, y si hablamos con el crítico de sus fallas, es probable que también los reconozca. Algo que debe estar en nuestras mentes es que no debemos dejar de pensar que el que me critica quiere que mejoremos un aspecto que es posible de mejorar. Aunque en algunos lados la crítica se utiliza para “hacerse notar” y criticando a las autoridades o jefes minamos su posición para intentar luego una “rebelión” o “serrucharle el piso”, no debemos olvidar que nuestra guía, la Palabra de Dios, nos pide pensar “… todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza…” (Filipenses 4:8)
No olvidemos tampoco que una cosa es criticar públicamente delante de otros a un 3º (imprudencia), otra es criticar a otros públicamente o secretamente a un 3º sin que éste se encuentre (murmuración) y otra muy distinta es que nos tomen aparte, en forma secreta, y te corrijan (ver el ejemplo de Priscila y Aquila con Apolos – Hechos 28:16).
Lastimosamente lo que ocurre la mayoría de las veces es que no nos gusta recibir la corrección ni que nos marquen una falta. Quizás porque nos da inseguridad y tenemos miedo que si reconocemos nuestra falta o incapacidad o desconocimiento perderemos autoridad o tu posición en el ministerio, cuando muchas veces, lo único que espera el crítico es que le digas “tenes razón, la próxima vez vamos a intentar hacerlo mejor”.
No olvides, entonces, de pensar en 1º lugar, siempre bien la 1º vez acerca de la crítica.
2) DESCALIFICACIÓN – AISLACIÓN:
Una vez que lo hemos humillado, comenzamos a creer que nuestra posición es la correcta, en nuestra mente, con nuestros amigos, o los que hacen la tarea con nosotros. Entonces empezamos a descalificar al criticón.
Empezamos a hilar mas fino, buscamos en su historial otros problemas que tuvo, para terminar evaluándolo como “un rebelde sin causa”. O sea, critica porque no sabe hacer otra cosa. O critica porque no hace nada. Crítica porque no tiene un cargo, o una posición (puede haber algunos casos así, pero te recuerdo, no debemos generalizar). Todo esto puede ser posible. Pero no son las únicas razones.
Muchos llegan con ideas para mejorar, o llegan con la crítica porque no quieren vernos sufrir mas así viéndonos hacer las cosas de una manera que no es la mejor.
Una vez que creemos eso, y se lo hacemos creer a los demás, ¿quien querrá unirse a un “rebelde sin causa”? solamente otros “rebeldes”. Así que, logramos “aislarlo” de los demás, simplemente porque es una persona que no piensa como nosotros pensamos, o tiene la valentía de decirnos lo que muchos otros piensan pero no se animan.
Hemos logrado el objetivo: el que critica se ha transformado en una “voz que clama en el desierto” pero con mala actitud, no como fue Juan el Bautista.
Debemos evitar este tipo de reacciones. No descalifiquemos a cada uno que viene a decirnos que hay cosas para mejorar. No todos son rebeldes, ni todos desean nuestro puesto, o ministerio.
3) AGRESION:
Una tercera reacción ante la crítica es la agresión. Amenazas veladas usando frases como “si seguís así vas por mal camino”; o “esas actitudes no te llevan a ningún lado” etc. etc., o mostrar enojo, o rechazo, o decir “después de estos comentarios hay un antes y un después”, lo único que hacen es terminar hiriendo a la persona que lo único que busca es que las cosas se mejoren, y no entiende nuestra reacción.
Eso si, una vez mas hemos conseguido el objetivo de acallar las críticas, porque… ¿Quién quiere quedar aislado o perder amistades, o una relación con su líder por una simple crítica? Nadie. El resultado es que al fin y al cabo, el que critica piensa “si por dar mi opinión voy a sufrir todo esto, en el lugar donde trabajo, o donde paso la mayor parte de mi tiempo libre de mi vida, mejor hago silencio y no opino mas nada”. Entonces es cuando podemos seguir haciendo nuestra tarea sin problemas, como siempre la hemos hecho, con aciertos, si, pero con las mismos errores de siempre, y todo sigue igual. Y nos acostumbramos a eso, y si lo soportan las personas bien, y si no, será hora de que busquen otros horizontes.
¡ Cuanto temor tenemos al cambio! Parece que cualquier cambio siempre será para peor. Y no me refiero a doctrinas claramente especificadas en la Biblia. Solo estoy hablando de maneras de hacer las cosas, formas de solucionar problemas, aspectos para ajustar en el ministerio o en el trabajo… pero no podemos recibir esos comentarios A veces nos creemos demasiados eficaces, así que cualquier idea de otra persona no es mejor que la que ya tenemos, y buscamos la imposibilidad de llevarla a cabo para seguir con nuestras ideas. Otras veces, por pereza, porque sabemos que mejorar va a suponer un mayor esfuerzo. Cada uno sabrá si es su caso. Quizás estamos recibiendo las críticas, las estamos escuchando con tolerancia y paciencia, y adoptamos las ideas que creemos que harán mejorar nuestra tarea. Si ese es tu caso, ¡¡sigue así!!
¿CUAL ES LA MANERA CORRECTA DE REACCIONAR ENTONCES?
Hay algunas ideas que se me han ocurrido en este tiempo. Unas las tenía antes de escribir estas líneas, otras aparecieron en mi mente mientras iba escribiendo las líneas que ya leímos. Pero aquí van algunas de esas ideas:
A. NO PENSEMOS EN “BLANCO Y NEGRO”:
Una idea que debemos mantener en nuestra mente es que la persona que se acerca a criticar puede tener razón o puede también no tenerla. O, lo mas probable, tener razón en algunas cosas y en otras no. En nuestra mente debemos considerar que esta persona puede tener tanta o mas capacidad que yo, ¿porque no? Aprendamos de Abraham Lincoln que cuando alguien le contó que su secretario de estado, el Sr. Stanton, dijo que él era un mentecato, respondió: “Stanton es un hombre inteligente. Si el dice que soy un tonto, debería averiguar si tiene motivos para decirlo”.
Tampoco debemos salir a poner en práctica cada idea o mejora que cualquier persona nos proponga. Me acuerdo que en los primeros años como pastor, un amigo mío era “torturado” por esa idea, y tenía en su congregación a uno de esos hermanos que siempre llegan a nosotros con ideas “brillantes” pero para que las hagan los demás: los ancianos o el pastor. Un ministerio nuevo, una habitación nueva en el edificio, una actividad nueva… ¿No nos ocurrió algo así en algún momento?. La solución es sencilla: mi amigo empezó a responderle: “¡Que buena idea! ¿Que tal si te pones manos a la obra? ¿Quieres hacerte cargo de llevar esa idea adelante?”... por supuesto, este hermano fue limitando sus propuestas, hasta que luego de un tiempo, no apareció más con ningún comentario…
Debemos reconocer cuando esas ideas son impracticables, o si se podrán poner en práctica en otro momento. Conozco personas que le han dado ideas a otros ministerios, pero que se aplicaron… ¡15 años después! En ese caso, es mejor anotar la idea y tenerla presente, y explicarle, en la medida de lo posible, porque no se puede llevar a cabo en este momento. Un breve mensaje a los que critican: No esperes que todos los cambios que propongas se realicen YA. Este hermano vio su consejo en la práctica 15 años después de que lo dio. En realidad, él me dijo que cuando vio el cambio que propuso hecho realidad, casi ni se acordaba que él lo había propuesto!
A veces, los demás, o los que nos critican, ni saben porque tomamos las decisiones que tomamos. Ante una situación así, no dejes de reaccionar con equilibrio. El que se acerca a corregir, no es Dios. Pero tampoco es el enemigo, o un loco que nunca tiene la razón.
B. LA CRITICA BIEN USADA PUEDE SER UN INSTRUMENTO DE DIOS:
¿DIOS es soberano en nuestras vidas? Si es así, esa persona que se nos acerca a nosotros es un instrumento de Dios también. A veces, el propósito de Dios es corregir el rumbo. O tu manera de actuar. O de servir. A veces lo hace en forma amable. Otras, necesita hablarnos un poco mas firme.
Justamente es estos casos cuando mas nos cuesta aceptar la crítica. Cuando la forma en que nos hablan o se nos acercan no es la mejor, o cuando la crítica es injusta. Pero aún así, es un instrumento de Dios. ¿Por qué? Porque está ejercitando nuestra paciencia, o nuestra amabilidad (cualquiera es amable cuando nos tratan bien, pero cuando no nos dicen las cosas como nos gusta… ahí viene la prueba) , o nuestra longanimidad… en resumen, nuestro equilibrio espiritual o emocional. Nuestro Señor también recibió críticas injustas, aún desafíos, en el mismo momento de la cruz, y no olvidemos que su meta siempre es hacernos cada vez mas parecidos a la imagen de Cristo. El envía a veces estas personas para que demostremos la paciencia del Señor, o la benignidad del Señor o el perdón del Señor... ¿que debemos ejercitar o demostrar más del Señor en nuestras vidas que nos falta ejercitar o demostrar? Quizás esa persona enviada por Dios es un instrumento de EL para desarrollar lo mejor de tu vida.
C. EL QUE CRITICA NO ES TU ENEMIGO:
A veces se nos ocurre que el que se acerca a corregirnos viene a destruirnos. Que intenta sacarnos del medio. Que nos quiere desanimar. Que no nos entiende. Recordemos, pensemos bien del otro. No debemos dejar de pensar con objetividad. Centrémonos en el asunto que estamos tratando en ese momento. Es sólo una crítica o una corrección de un tema en particular. Solo eso es lo que hay que tratar, porque solo es lo que viene a hablar. Si lo que encaramos es un tema más amplio, y son varios los hechos ocurridos que se evalúan, quizás sea necesario tomar otras actitudes y decisiones. Pero recordemos, el no es nuestro enemigo. En la iglesia, nunca. Si bien parece que algunos hermanos no entienden como deben ser los valores a considerar dentro de la obra de Dios y sus prioridades, nunca es nuestro enemigo. Algunos parecen actuar así, o actúan así. Pero eso no significa que lo sean. Simplemente pueden llegar a ignorar cosas, o son inmaduros. Hay que tratarlos como tal. Al que ignora, hay que enseñarle, explicarles como son las cosas. Porque se toman ciertas decisiones, antes de dividir o generar un estado doloroso de personas en desacuerdo. Al inmaduro también. Aunque a veces, si notamos ciertas malas actitudes, es necesario decirle lo que nos parece que estamos viendo. Pero evitemos esa forma de tratarnos como enemigos. Nadie sale ganando, y menos la obra de Dios. Sería bueno que releamos algunos versículos cada cierto tiempo que nos pueden ayudar a mantener esta manera de pensar, como por ejemplo: Ro 14:19, 15:1, 1º Co 8:11, 1ºCo 12:12, 20,26.
D. EL CRITICO NOS SIGUE MOSTRANDO QUE NECESITAMOS CRECER:
Dios a veces manda a estas personas que consideramos “piedras en el zapato”.. ¡Que molestos que son! Siempre están disconformes, no hay manera, siempre hay que hacer las cosas mejor. Y la verdad, es que estos hermanos también necesitan ayuda. Ellos necesitan saber que Dios entiende nuestras imperfecciones y nos colma de su misericordia y favores. Y se lo debemos mostrar con el cariño que ellos se merecen, porque es algo que a ellos les cuesta entender, porque han pensado siempre de esa forma, quien sabe porque motivo. Pero… por otro lado ¿Por qué no intentar hacer las cosas mejor cada vez? Yo tengo una frase en el nick de mi programa de Chat, y es una frase de Warren Wiersbe que dice “Si Dios puede bendecir nuestras mediocridades, imagínense lo que podría hacer si estuviéramos debidamente preparados” (Libro “Llamados a ser siervos”, del mismo Wiersbe). Quizás pensamos que no debemos mejorar más porque hemos llegado a la cima de nuestra vida espiritual y no debemos mejorar mas. Quizás pensamos que para lo que hacemos, no necesitamos mejorar.
Creo que cada uno de nosotros sabemos que eso no es cierto, ¿verdad? Sólo seremos perfectos cuando estemos en la eternidad junto a Dios. Entonces, ¿porque no pensar que su crítica (positiva) es lo que mas tiene que mejorar en nuestro servicio y vida?
A algunos Dios les envía pruebas físicas. A otros, consecuencias de sus malas decisiones. A los terceros, personas que le indican las malas decisiones tomadas. La idea es mantenernos en esa actitud humilde que todos debiéramos tener, los que critican y los criticados, los que intentar corregir, y los corregidos para que el Señor sea glorificado en todo lo que hacemos.
Que Dios nos bendiga a todos.
CLAUDIO DA SOUZA sirvió al Señor como misionero en Venezuela, actualmente trabaja en la ICE de Villa Tesei – BS AS , es uno de los colaboradores de la EBI, y enseña la Palabra en conferencias y campamentos.



