Breves Comentarios del Evangelio según Juan

POR ADRIAN MONTES (BAHIA BLANCA- BS AS - ARGENTINA)

Jesús es el Mesías o Cristo (10:22-38)

         Este episodio ocurrió unos tres meses después del relato anterior. La fiesta de la dedicación recordaba la epopeya de Judas Macabeo quien liderando un grupo de hombres recuperó la ciudad de Jerusalén y purificó el templo que había sido profanado (año 168 a.C.). Jesús era una molestia para los lideres judíos. Pretendían que se declarase como Mesías para así acusarlo de blasfemia y matarle. Muchos discursos anteriores del Señor implicaban lo que ellos le exigían. Por esto Jesús les recuerda algunos de sus dichos:  "Yo hago las obras de mi Padre" (5:36) siendo las señales que hacia el sello de su autoridad Divina (3:2). "Mis ovejas oyen mi voz y me siguen" (10:14) declarando que ellos no creían porque no eran sus ovejas. Enfáticamente declaró: "Yo y mi Padre somos uno". La misma explica las anteriores ya que si así no fuera, él no podría dar vida eterna a los suyos ni protegerlos en su mano. Algunos (los Testigos de Jehová por ejemplo) han explicado esta afirmación diciendo que el texto se refiere a una unidad de voluntades. Sin embargo debemos notar lo siguiente: a) Repite la afirmación en Juan 17:22 usándola como ejemplo de la unidad que debe haber en la Iglesia. b) Nos enseña que hay una unidad esencial entre el Padre y el Hijo como también señala la distinción entre ambas personas de la Trinidad. Los judíos entendieron plenamente esta declaración: "te haces Dios". Jesús afirma finalmente que las Escrituras hace dioses a los jueces en virtud de que eran participes del atributo divino de juzgar. La Biblia no puede ser quebrantada, es decir que no puede ser destruida. Al que el Padre Santificó (puso aparte, consagró y envió al mundo) le acusaban de blasfemo lo cual era un acto soberbio. Si no creían en sus enseñanzas podían creer en sus obras las cuales veían. El debate concluyó. Quisieron apedrearle pero no pudieron. Al otro lado del Jordán muchos creyeron.

La enfermedad y muerte de Lázaro (11:1-16)

         La resurrección de Lázaro sirve para corroborar las afirmaciones hechas por Jesús en los capítulos anteriores. Es la más espectacular de la resurrecciones narradas en los evangelios (Mt. 9:22-26; Lc.7:11-17). El primer protagonista de la historia es Lázaro (abreviación de Eleázaro que significa Dios es socorro) que aun estaba enfermo. Vivía en Betania junto a sus hermanas, María (la que le ungió) y Marta. Las hermanas avisaron a Jesús de la enfermedad de su ser querido. F.B. Meyer dice: "el Señor permitió que aquellas hermanas sufrieran a causa del beneficio que resultaría para otros". El Señor responde a los enviados: "Esta enfermedad no es para muerte..." pero Jesús no quiso decir que Lázaro no iba a morir sino que la gloria de Dios se manifestaría. Es decir, el Señor, estaba anunciando veladamente el milagro que habría de llevar a cabo (ver verss.11, 14 y 15). Tan poderosa acción estaba movida por el amor generoso que el Señor sentía hacia estos hermanos. La demora de Jesús en ir a Betania fue intencional. Crisóstomo dice: "Jesucristo se demoró para que nadie pudiese asegurar que él había vuelto en sí a Lázaro cuando este todavía no estaba muerto.". En tanto, sus discípulos, al advertir que el Maestro pensaba retornar a Judea, señalaron el peligro que esto implicaba. El Señor les aclara que mientras la luz del día duraba el debía obrar. El era consciente de que el tiempo que disponía para ministrar era limitado. También contiene una enseñanza moral a los suyos: quien hace la voluntad de Dios, anda en la luz pero aquellos que no la hacen, andan en tinieblas. Les anuncia que Lázaro había muerto y esto serviría para reafirmar la fe de sus discípulos. Tomas, llamado Dídimo (mellizo) expresó resignado su temor de que este viaje condujese a Jesús a la muerte y a ellos mismos también. Esta primera etapa de este gran evento nos muestra que la intención del Señor fue siempre glorificar a Dios. Este debe ser nuestro anhelo también.

La resurrección de Lázaro (11:17-44):

         Unos de los detalles que nos debe llamar la atención es la cuantiosa evidencia que el evangelista detalla para corroborar la muerte de Lázaro, por ejemplo los siguientes datos: a) María, Marta y Lázaro eran bien conocidos en Betania. Tras una corta enfermedad Lázaro muere y es sepultado. Había plena certeza de su fallecimiento. No había sufrido un desvanecimiento. Todos los deudos estaban convencidos de que estaba muerto. b) Hacía ya cuatro días de su muerte cuando llegó Jesús. c) Al quitar la piedra se percibía el olor que despedía el cuerpo por haberse iniciado el natural proceso de descomposición. d) Tras llamar al muerto y este obedecer todos creyeron que había resucitado. e) Algunos contaron a los fariseos lo que Jesús había hecho. Estos no dudaron del informe aunque continúan oponiéndose a Jesús. Aún en nuestros días este testimonio es muy convincente de modo que no quedan dudas de que Lázaro estaba muerto y volvió a la vida. Jesús declaró a Marta la gran verdad sobre la cual descansa el cristianismo:  "Yo soy la resurrección y la vida, el que cree en mi, aunque este muerto vivirá". "Todo aquel que vive y cree en mi, no morirá eternamente". El apóstol Pablo señalo que si negaremos la resurrección nuestra fe sería vana y por lo tanto seríamos los hombres y mujeres más dignos de lastima del mundo (1Co.15:12-19). La prueba inmediata de esta verdad fue la resurrección de Lázaro. Existe otra prueba mucho más contundente aun y es la propia resurrección de Cristo (1Co.15:20). El modo en que le resucitó fue sencillo: hizo quitar la piedra, agradeció a Dios por escuchar su oración (para que la multitud creyera que Dios lo envió), lo llamó y el muerto volviendo a la vida salió. Estimado lector hay una pregunta que Jesús hizo a María que debes hacerte: ¿Crees esto?. Si quieres andar en la luz debes creer en Jesús.

La sentencia de muerte (11:45-57):

         La resurrección de Lázaro motivó que muchos creyeran en Jesús aunque es importante aclarar que la frase creer no implica que lo aceptaran como el Mesías salvo en algunos contados casos. Algunos fueron a los fariseos y contaron lo acontecido. De inmediato convocaron a una reunión del Sanedrín para considerar lo que se debía hacer bajo las circunstancias imperantes. Jesús era una amenaza por las siguientes razones: a) Hacía muchos milagros y señales los cuales eran tan notorios que ni ellos mismos podían negarlos. b) Si dejaban marchar así las cosas todos creerían en él. Si esto acontecía, el pueblo, proclamaría a Jesús como Mesías y Rey de Israel. El Imperio Romano haría pesar su fuerza. "Destruirán nuestro lugar santo y nuestra nación" pensaron. ¿Qué tan sincero era este temor? no pocos comentaristas piensan que el temor real del Sanedrín era que destruyeran el templo que era su lugar de reunión y así el poder les fuera quitado de sus manos. Caifás era el sumo Sacerdote aquel año lo cual  significa que se trataba de un año memorable ya que en el trascurso del mismo, el Señor, fué crucificado. Este hombre reprende con severidad a los que discutían . El ya tiene un plan: "hay que silenciarlo permanentemente". Según su perverso juicio convenía que Jesús aunque fuese inocente sea ejecutado. El pueblo se salvaría a través de esto. Sin pretenderlo, Caifás, estaba anunciando proféticamente la obra redentora que Jesús llevaría a cabo en la cruz. Sus palabras no fueron cuestionadas. La sentencia de muerte ya fue fijada. Por esta razón Jesús se ocultaba de ellos. En tanto, el pueblo, se preguntaba si Jesús enfrentaría a los lideres en la pascua que era ya muy cercana. El odio tiene consecuencias crueles. Este pecado provoca que se lleven a cabo los actos más nefastos. En Cristo hemos sido librados de esta carga ya que por medio del Santo Espíritu gozamos de la infinita paz de Dios.

 

ADRIAN MONTES es misionero, sirve al Señor en el sur de la República Argentina, nuestro hno es muy utilizado en el ministerio radial.

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