Las Cosas que me han Sucedido ...
POR DR OSVALDO MACCIO (AVELLANEDA-BS AS-ARGENTINA)
Filipenses 1:12-13
En el servicio al Señor “suceden cosas” que jamás desearíamos que nos ocurrieran (si fuera posible), pero ocurren; más aún, pareciera que a la luz de la vida de los grandes hombres de Dios “tienen” que suceder.
Es en el crisol del sufrimiento donde el orfebre divino obtiene mayor pureza y quilates de nuestras vidas. Él nos somete al fuego de su método hasta que Su Rostro se vea reflejado en el nuestro. Al mismo tiempo que va eliminando la escoria espiritual que aflora en confesión por el intenso ardor de su comunión.
La experiencia del apóstol Pablo encadenado a los fríos muros de la cárcel romana, nos enseña a comprender, en inusitada cátedra, las más enriquecedoras lecciones del sufrimiento (4:9).
En el puerto final del viaje de su vida, a punto de “partir” a las costas celestiales (1:23); en las gradas del altar de su postrer sacrificio (2:17), el apóstol encuentra la respuesta de Dios a “las cosas que la han sucedido.”
Generalmente nos sentimos inclinados a preguntarle al Señor: ¿Por qué me suceden estas cosas? ¿Por qué a mí?. Siempre las hacemos cuando el tiempo de la prueba llama a nuestra puerta; trasluciendo nuestra egocéntrica preocupación, cual Jonás molesto y enojado “hasta la muerte” cuando los rayos sofocantes de la admonición divina iluminaban su desidia.
Pero cuidado, pueden sobrevenirnos las mismas “cosas” que el apóstol Pablo pero no “por el evangelio”, entonces nuestro “¿por qué?” recibe la respuesta del dedo del Espíritu Santo de Dios, mostrándonos nuestro pecado. Muchas de “las cosas que nos pasan” son fruto de la desobediencia.
¿Cómo saber que “las cosas que nos pasan” son por nuestro andar en Él y no por recorrer caminos ajenos a su voluntad?. La forma de nuestra pregunta al Señor nos da la respuesta. Si inquirimos el porqué, es que nuestro sentimiento de culpa está buscando el origen de “los castigos que estamos padeciendo”.
"Por esto mismo trabajamos y sufrimos oprobios" (1 Tim 4:10).
Luego de llamarnos a la piedad, Pablo nos baja de las nubes. El ministerio es una búsqueda celestial, pero también es una tarea terrenal. Es trabajo duro. "Por esto mismo trabajamos y sufrimos oprobios" (v. 10).
Pablo trabajaba duro porque sabía que su esfuerzo tenía recompensas eternas; consideraba la recompensa para él y la posibilidad de cambiar el destino de los no creyentes. Esa es la perspectiva que motiva al siervo de Dios.
"Trabajar" (del griego kopiao) significa "trabajar hasta el punto de estar agotado". "Sufrir oprobio" (gr. agonizomai) significa "agonizar en una lucha". Luchamos hasta el punto del agotamiento, exhaustos, muchas veces doloridos, porque comprendemos nuestros objetivos eternos.
En 2 Corintios 11:24-27, Pablo habla de las muchas veces que fue castigado con varas y con látigo, cuando sufrió cansancio, dolor, agonía, y naufragios. Sufrió todos esos peligros porque estaba totalmente comprometido con el ministerio y tomaba en cuenta la eternidad. Sabía que era el destino de las almas lo que estaba en juego.
Toda nuestra obra es trabajo, pero no humano. Pablo dijo que su objetivo era "presentar perfecto en Cristo Jesús a todo hombre" (Col. 1:28). Luego dijo: "Para esto también trabajo (gr. kopiao, agonizar), luchando según la fuerza de Él, la cual actúa poderosamente en mí" (v. 29). Nuestra obra se lleva a cabo por medio del Espíritu, el Señor da energía a quienes le sirven.
Pablo no preguntó ¿por qué? sino que ya tenía la respuesta al: ¿para qué, Señor?; ¿para qué me suceden estas cosas?. ¿Para qué la prisión? (1:7, 13-15).
¿Para qué la aflicción? (1:16).
¿Para qué la oposición? (1:28).
¿Para qué el conflicto? (1:30).
¿Para qué la tristeza? (1:27).
¿Para qué el hambre? (4:12).
¿Para qué las necesidades? (4:12, 16).
¿Para qué la tribulación? (4:14).
¿Para qué la falta de apoyo de la mayoría? (4:15).
¿Para qué la misma muerte? (1:21, 2:17).
¿Para qué, Señor, todo esto?...
Y la respuesta del mismo Dios no se hizo esperar: “Para el progreso del evangelio” (1:12)
Frente a la adversidad y las dificultades en el servicio a Dios no preguntemos el “¿por qué?” sino el “¿para qué?” y su respuesta no tardará en hacerse oír.
“Sepamos, hermanos, que las cosas que nos suceden, han de contribuir a la propagación de las Buenas Nuevas de Cristo, si primeramente todos, aún nuestros enemigos, saben que estamos padeciendo por el sencillo hecho de ser cristianos y en segundo lugar muchos de los demás que nos rodean cobrando ánimo, venciendo el temor y la vergüenza hablan de Cristo con más valor” (1:12-14)
Algo maravilloso certificará que “las cosas que nos suceden” tienen un propósito en la Soberana Voluntad de Dios. Es el gozo que se experimenta; habremos de imitar al apóstol en su exclamación:
“Gócense en el Señor siempre; se lo repito, gócense...pues podrán sufrir la falta de apoyo y hasta palpar el frío de la muerte, pasando por las profundidades de la tristeza y sufriendo apremiantes necesidades, pero...la gracia del Señor estará con ustedes”.
“Pues hermanos, tengamos por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse” - Rom. 8:18.
Pero...¿Por que a mí?
En muchas ocasiones nos tenemos lástima, nos encerramos en nosotros mismos y sufrimos calladamente. Es muy fácil sentirse deprimido y sentir autoconmiseración. Todos lo hemos hecho alguna vez. Decimos: -nada me sale bien, siempre tengo este problema...”pobrecito de mí” - Y ¿qué nos dice la Palabra acerca de esto? ¿Esta garantizado de que cuando venimos a Cristo se nos quitaran todos los problemas? ¿Que cuando venimos a Cristo la vida se convierte en una playa caribeña?
El Señor Jesús sabiendo nuestro pensar ya se anticipó en Juan 16:33 – “Estas cosas os he hablado apara que en mi tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.” Cuando analizamos este versículo nos damos cuenta que contesta nuestra pregunta claramente. Nos contesta el ¿por qué a mí? El Señor sabe que pasaremos por tribulaciones que serán difíciles. Cosas que nos causaran dolor, pero algo muy importante aquí: "pero confiad, yo he vencido al mundo"
Con estas palabras Él nos esta diciendo a nosotros que seamos fuertes. Que no desmayemos y no nos sintamos lástima ni la busquemos de los otros. Nos dice: “no te dejes derrotar por el enemigo, confía en mi y todo será resuelto”. No importa la circunstancia, Jesús nunca nos abandona. El Señor tiene un plan y un propósito con todo lo que sucede. Tenemos que mirar las cosas que nos pasan como una experiencia le la cual tenemos algo que aprender. Nosotros no sabemos el por que Dios permite las circunstancias no deseadas, pero si sabemos que lo que Él permita es por una razón muy especial.
El espíritu de Dios lo dijo en la antigüedad por voz del profeta. “Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis. Entonces me invocaréis, y vendréis y oraréis a mí, y yo os oiré.”- Jeremías 29:11-12.
Los verdaderos siervos de Dios sienten por viva experiencia que este es el Dios que servimos, un Dios que nunca nos abandona. Siempre a nuestro lado no queriendo que suframos en vano. Él conoce lo que nos espera en el futuro y sus planes con nosotros son llenos de esperanza.
Él nos dice: "Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperéis." Que más podemos pedir, Él nos esta diciendo yo estoy en el control, tranquilo, aguarda. No quiere decir que no vamos a sufrir, quiere decir que Él nos va ha guiar a través de nuestro dolor. A través de nuestra necesidad, a través de todo para obtener una conclusión gloriosa. Dios planeo que tuviéramos vida eterna. Nos escogió a nosotros para que estemos en su Reino.
Muchos de nosotros pensamos que elegimos aceptar a Cristo. Pero en realidad Cristo fue quien nos aceptó a nosotros. Él fue quien nos llamó a su lado, solo nos queda oír. confiar en la Palabra de Dios, confiar en sus promesas. No dejarnos engañar por el enemigo que lo único que quiere quitar el gozo de nuestra ciudadanía en el Reino, tenemos que prestar mucha atención a: 1 Pedro 5:8 – “Sed sobrios, y velad, porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar.”
Cuando nos vengan las aflicciones o problemas tenemos que acordarnos que fuimos escogido, bendecidos, y santificados. Saber que Cristo siempre esta con nosotros. Confiar en El Señor en todo momento acordarnos de las palabras de Jesús en: Juan 16:33 "pero confiad, yo he vencido al mundo"
El autor nos convencerá que es hora que paremos de desvalorizarnos y sufrir. Es hora de entregar al Señor nuestra preocupación. Es hora de tomar nuestro lugar en los planes del Señor. Porque la hora del Señor se acerca y no podemos dejar caer nuestra corona.
Que las cosas que nos han sucedido nos haga reflexionar y ser agradecidos por que: “Fuimos elegidos para que nos pasaran las cosas...para el progreso del evangelio”.
LO DIFÍCIL TAMBIÉN PASARÁ
Hubo un momento en el que la noche parecía eterna y hoy todo eso parece tan lejano.
Hubo un momento en el que nada de lo que hacías resultaba, cuando de pronto apareció la respuesta.
Hubo un momento en el que dejaste de creer en el amor y de repente tu corazón, con más intensidad que nunca, lo encontró de nuevo.
Hubo un momento en el que por el desierto se esparcían tus palabras y
hoy dan retoño sus semillas.
Hubo un momento en el que creíste que era lo peor que te podía pasar y
hoy agradeces tu destino.
Hubo un momento en el que jurabas que no podrías pasar esa prueba y
hoy es tan sólo un paso más.
Hubo un momento en el que creíste que no podías hacer algo y
hoy te sorprendes de lo bien que lo haces.
Hubo un momento en el que los monstruos y los ogros intimidaban tu vida y
hoy sonríes al ver cómo tus miedos engrandecían sus sombras.
Nunca olvides que la vida, renovada por la gracia de nuestro Creador,
es más grande que tus miedos, y que tu fuerza en el Señor
es mayor que tus dudas.
Aunque tu mente esté confundida, tu corazón siempre sabrá la respuesta,
y con el tiempo, lo que hoy es difícil... ¡mañana será un tesoro!
"Todo lo puedo en Cristo que me fortalece" Filipenses 4:13
OSVALDO MACCIO es un reconocido hno, maestro de la Palabra, orador internacional, y autor de libros relacionados con la educación y la sexualidad.



