Cristianos Comprometidos con Dios... ¿Hoy?

POR LIC ALEJANDRO COLOMBO (BS AS-ARGENTINA)

Sin duda que vivimos en un tiempo cuando ser cristiano verdadero (es que hay otra  clase de cristianos?) es pertenecer a una “especie en vía de extinción”.  Cuando uno dialoga con los ancianos y pastores de las iglesias encuentra que la vida de la congregación es definida como “cristianismo light (del ingles -liviano)” y si esta consulta la llevamos al plano de la sociedad entonces la descripción es que no se ve ninguna diferencia entre los que dicen serlo y los que no. Peor aún, en palabras del autor cristiano Warren W. Wiersbe: “antes la iglesia señalaba al mundo sus pecados y les predicaba que se arrepientan. Hoy es el mundo que señala a la iglesia sus pecados y les reclama que se arrepientan”.
Es que “si la sal se vuelve insípida no sirve más para nada”, sentenció el Maestro. La hemos dejado dentro del salero (salón de reuniones, local evangélico, etc.) y la comida, para el mundo hambriento de la verdad, no sólo perdió su atractivo e irresistible sabor, sino que en muchos casos llegó a corromperse y dar un olor nauseabundo. O no hemos oído jamás decir a algún vecino, pariente o compañero de trabajo: para ser un cristiano como “fulano” mejor me quedo como estoy.
Esta trágica realidad se hizo patente en los medios de comunicación durante los tristes momentos vividos en los meses pasados, donde se debatió en el Congreso de la Nación la legalización del matrimonio homosexual. En repetidas ocasiones debimos tragar saliva al oír como argumento a favor de esta lamentable aprobación, el supuesto fracaso del matrimonio heterosexual, y lo peor aún el mal ejemplo de líderes cristianos separados.
Creo que es suficiente para describir el escenario sobre el cual nos toca actuar, y mejor que actuar (por la connotación hipócrita de la palabra “actuar”) vivir nuestra fe. Ya que “el que dice que le conoce a El debe andar como El anduvo”. Pero no creamos que el mundo de los patriarcas, profetas u otros personajes bíblicos eran muy diferente al nuestro. Por eso, quisiera compartir con ustedes algunos consejos que el Apóstol Pablo dejó a su discípulo, consiervo y futuro sucesor de su ministerio, el joven Timoteo.
Timoteo no tuvo un buen modelo varonil y piadoso a seguir ya que su padre no era judío, pero si recibió una herencia incomparable de parte de su abuela y su mamá, quizás la mejor herencia que podríamos dejar a un hijo: una fe “no fingida, sincera, real” (2da Timoteo 1:5). Podríamos escribir capítulos enteros y extensos sobre la importancia e influencia de una ascendencia temerosa de Dios. Acá tenemos a Loida, una abuela piadosa tan genuina que su hija Eunice no quiso vivir de otra manera que no fuera como ella, y esta vivencia trasparente (no perfecta) llevó a que este joven de nombre Timoteo consagrara su vida al Dios de su madre y su abuela al punto de experimentar él mismo, de primera mano, esa fe que implica confianza, relación, intimidad con Dios a través de su Hijo Jesucristo. Permítanme enfatizar este punto, Timoteo escogió vivir para Dios y experimentar en su propia vida esa comunión íntima con Cristo al considerar el resultado observado en su madre y abuela.
Este asunto de la sinceridad y genuina fe parece ser un tema demasiado importante para el apóstol Pablo, ya que él mismo hace referencia a ello cuando tiene que hablar con autoridad y expresar las más nobles motivaciones de su ministerio epistolar (1er Timoteo 1:5). Como un padre refiere a su genuina fe como argumento para que se le preste suma atención y consideración a su mandato. Timoteo sabría apreciar la sinceridad de su padre espiritual como lo supo hacer con su madre y abuela.
No es vivir por la fe de los progenitores o generaciones pasadas, sino decidir seguir su ejemplo y vivenciar en su propia existencia la realidad de Dios y su presencia, bendición, gracia y misericordia.
La historia bíblica, y aún la secular, nos enseña que si la segunda generación no vive una vida comprometida con Dios y Su causa, aunque crea en El, pero sin experimentar su guía y propósito, la siguiente generación, la tercera, se alejará y no querrá saber nada de Dios ni de Su obra. Basta con recordar los tiempos de Josué cuando habló a los ancianos que quedarían a cargo de Israel luego de su partida, los cuales creían en Dios pero por el testimonio de las vivencias de Josué con Jehová, testimonios que ellos nunca pudieron experimentar en carne propia. El les dijo la clave de su vida y ministerio que radicaba en un compromiso con su Dios y su familia “Yo y mi casa serviremos a Jehová”.  En el libro de los Jueces leemos que la generación que siguió a la de estos ancianos “no conoció a Jehová ni la obra de Jehová” por lo cual se alejaron tras otros dioses. Lo mismo observamos en tiempos de la monarquía, con David, Salomón y Roboam.  (*)
Cuál es la razón? Bueno, podríamos citar muchas, pero básicamente ellos, la tercera generación, han visto y fueron criados en una familia, la segunda generación,  cuya fe era “fingida”, hipócrita. Con padres que decían ser piadosos pero no lo vivían a diario en las cosas rutinarias, en los momentos domésticos, en situaciones informales de familia. Ejemplos actuales de esto podría ser:

  • lo que se habla en casa no coincide con la forma que se habla en la iglesia,

  • reacciones carnales en el auto cuando están “solos”, 

  • la música de los domingos en el culto difiere totalmente de la música oída de lunes a sábado,

  • murmuración de otros hermanos o líderes de la congregación cuando no están presentes,

  • cantar a voz en cuello durante el tiempo de alabanza y gritarse a más no poder en casa.

  • Y ni que decir los programas televisivos, películas, administración del dinero y todo un estilo de vida incoherente con la fe que supuestamente se profesa.

Tal como se advierte de los últimos tiempos apóstatas, profesan creer en Dios pero con los hechos lo niegan.  Tendrán apariencia de piedad pero negarán la eficacia de la piedad.” (2da. Timoteo 3:5)
Un niño que crece en un hogar así cuando llega a la adolescencia se rebela contra tanta “careta”, decide que él no será hipócrita como sus padres y argumentando honestidad, prefiere ser un honesto ateo que un cristiano hipócrita. Pero sus padres aún se preguntan “que hicimos mal  para merecernos esta desgracia o maldición, si lo instruimos en el camino del Señor llevándolo  a la iglesia cada domingo”. Cuando aprenderemos los padres que nuestro ejemplo habla más fuerte que nuestras palabras, que ellos seguirán nuestro modelo y no nuestros sermones. Deberíamos con el cantante decirle a Dios “quiero ser como Tu porque él quiere ser como yo” y meditar en qué áreas de mi carácter debo cambiar pues no me gustaría ver esos mismos rasgos reproducidos en el carácter de mis hijos.
Como pueden ver vamos inevitablemente hacia la raíz del tema: la Familia. Iniciamos hablando de la crisis de valores morales y ausencia de compromiso en nuestras iglesias, de lo liviano y superficial de nuestro cristianismo y terminamos hablando de la familia. Y no nos debería extrañar  que fuera de esta manera ya que una iglesia sana es la resultante de familias sanas, una iglesia fuerte es la sumatoria de familias fuertes, o desde otra óptica, familias cristianas piadosas conforman iglesias santas.
Entonces, si queremos ver un cristianismo comprometido con su Señor y Salvador, sal y luz del mundo, volvamos a la simple y sincera fe “no fingida” que habitó y gobernó en Loida, Eunice, Pablo, Timoteo y que nuestra familia, iglesia y comunidad quiere apreciar en cada uno de nosotros.

(*) Para un estudio más profundo de este tema recomiendo el seminario de Caminata Bíblica “Las Tres Sillas”

ALEJANDRO SERGIO COLOMBO RIZZO, Licenciado en Ciencias de la Educación con especialización en Administración Educacional (Universidad Autónoma de Asunción); Egresado del Curso Superior de Teología del Instituto Bíblico “Palabra de Vida” en Bs. As., Argentina (1978-1980); Misionero fundador y pastor de la Iglesia Cristiana Evangélica en Fernando de la Mora Sur, Paraguay (1982-2008). Fundador  y Director General del “Grace Educational Center” (1994-2007) ; Miembro fundador de  FEMIPA (Fundación Evangélica Misionera del Paraguay); Co-Fundador  y Distribuidor para Argentina de ACSI (Association Christian School International) en el Cono Sur; Director Regional para Sudamérica de “CAMINATA BIBLICA”; Director Nacional de Conceptos Financieros e Instituto para la Cultura Financiera

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