Él me Sacó a Lugar Espacioso

POR MARCOS URQUIZA (SAN LUIS- ARGENTINA)

Texto: Salmo 18:19  Él me sacó a lugar espacioso; me libró, porque se agradó de mí”
Hay momentos en la vida del creyente que nos sentimos atrapados, y nuestra percepción de la realidad puede verse afectada por las circunstancias particulares que estemos viviendo.
Esa realidad puede ser oscura, como un cielo plomizo que amenaza con una fuerte lluvia, pensamos que será inevitable que suceda esto o aquello, casi siempre lo peor… no?  Si hay 50% de probabilidades que pueda arreglarse el problema y 50% de que no se resuelva favorablemente, nos inclinamos a pensar que será esto último lo que sucederá…
Así somos a veces los creyentes, pesimistas, faltos de fe, influenciables por conductas que son propias de los que no tienen esperanza…
Recuerdo las palabras del apóstol Pablo, en primera Tesalonicenses 4:13 al 18… “Para que no os entristezcáis como los demás que NO TIENEN ESPERANZA”  Si bien el habla a aquellos hermanos en la fe que habían perdido a un ser querido cristiano, y les anima a tener esperanza fundada en la resurrección de los creyentes, bien vale la aplicación a nuestras circunstancias cotidianas, a esas que nos atrapan, a las que no sabemos encontrarle la vuelta, no logramos resolver, son un nudo como esos que hace la lana cuando se sueltan de la madeja y se enredan indescifrablemente…
Pero es en esos momentos en que uno desearía ser transportado a otro lugar, (y no hablo de un lugar físico únicamente) sino también  de un lugar donde la mente pueda pensar con claridad, tomar decisiones sabias y acertadas…
Sabemos que esas decisiones influirán indeclinablemente sobre mi vida, la de mi familia, mis hijos. Y también muchas veces sobre mi vida espiritual.  Y reconocemos que no es fácil pegar golpes de timón a la nave que estamos conduciendo… ¿recuerdan a los discípulos luchando contra la tempestad  aquella noche brava en el mar de galilea?
Y entrando él en la barca, sus discípulos le siguieron. Y he aquí se levantó en el mar una tempestad tan grande que las olas cubrían la barca; pero él dormía. Y vinieron sus discípulos y le despertaron, diciendo: ¡Señor, sálvanos, que perecemos! Él les dijo: ¿Por qué teméis, hombres de poca fe? Entonces, levantándose, reprendió a los vientos y al mar; y se hizo grande bonanza. Y los hombres se maravillaron, diciendo: ¿Qué hombre es este, que aun los vientos y el mar le obedecen? (Mateo 8:23-27). 
Se cuenta que se abrió un concurso de pintura sobre el tema “La Paz” donde fueron presentados diversos cuadros, uno de los cuales representaba una mañana apacible, otro, una silenciosa puesta del sol; y otros, temas similares. Sin embargo, el premio fue otorgado a un cuadro que representaba una furiosa catarata que precipitándose por un acantilado de roca levantaba densas nubes de espuma y vapor; pero en la rama de un árbol que se extendía por encima de la furiosa catarata, un pajarillo había construido su nido y gorjeaba alegremente estando en paz en medio de aquella violenta catarata.
Ciertamente, el mejor concepto de paz es la que puede obtenerse y gozarse, no en circunstancias favorables, sino en medio del ruido y la tempestad. El pájaro se hallaba posado en una rama que tenia su raíz en la roca y se extendía por encima de la furiosa humareda de la catarata, y en aquella altura nada podía ocurrir. Así debería ser la paz de los que han puesto su confianza en el Señor Jesucristo.
En este mundo los hijos de Dios caminan entre escenas de tribulación, tensión y tormentas. Pero, dentro de sus corazones y mentes hay gozo, paz y calma bajo la protección de Dios.
La Escritura dice: Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera, porque en ti ha confiado. (Isaías 26:3).

Aquí es donde me viene nuevamente a la mente el vers. 19 del salmo 18 mencionado en la introducción “El me sacó a lugar espacioso…”  ese lugar en medio de la tribulación, intimidado por el estruendo de las “cataratas” de problemas, sacudido por las olas del enfurecido mar de la vida… pero allí es donde El me hace espacio, aun en la presencia misma de mis angustiadores, de aquellas cosas o personas que parecen un espolón que aguijonea mi existencia, queremos evitarlo, deseamos huir, o que desaparezca.
El orfebre de los salmos, David, escribe de su pluma inspirada por Dios:
            “Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno porque tú estarás conmigo, tu vara y tu cayado me infundirán aliento, aderezas mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores”   (Salmo 23:4-5)

Pero extrañamente (si hablamos en términos humanos) el Señor muchas veces suele dejar los aguijones, si hay detrás de ello un propósito divino para nosotros

Bien dijo Pablo a los Corintios:
“Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo”. 2ª. (Corintios 12:9)
 La tormenta

Mateo nos relata el siguiente episodio en el Mar de Galilea: Jesús entró en la barca y los discípulos lo siguieron. (Mateo 8:23). En este momento el Señor se alejó de las multitudes, ¡cuán diferente de algunas celebridades cristianas de hoy que apelan a la multitud y aman la alabanza de la gente!
En Mateo 8:19-22 muestra por qué el Señor Jesús no se impresionaba por las grandes multitudes, la gente no estaba dispuesta a dejarlo todo y seguirlo. Estaban interesados en ver milagros, pero no estaban interesados en darlo todo por Cristo, el dador de los milagros.
Se levantó en el mar una tempestad tan grande que las olas cubrían la barca.
Esta tempestad era para la gloria de Dios y el provecho de los discípulos, como en el caso de Juan 11:4-15. Cristo quería mostrar que los que atraviesan con él el océano de este mundo, deben esperar tormentas en el viaje.
            Algunos creen que esta tormenta fue de origen satánico, puesto que algunos de los discípulos eran expertos pescadores, y hombres acostumbrados al mar, sin embargo se aterrorizaron ante semejante tempestad. Tal vez, fue un ataque del enemigo para destruir a Cristo, haciéndolo a través de los suyos, porque así actúa Satanás, acosando a los creyentes, pero en última instancia no deja de ser un tiro por elevación contra Dios.
            Sabemos que las tormentas repentinas son comunes en el mar de Galilea, pero esta fue diferente tanto que Marcos habla de la forma que Jesús se dirigió a la tempestad, (Calla y enmudece) v.39, como si se tratara de un animal feroz.

El Señor en la tormenta
            La Escritura dice: “Los que descienden al mar en naves,…entonces claman a Jehová en su angustia,  y los libra de sus aflicciones. Cambian la tempestad en sosiego, y se apaciguan sus ondas.” (Salmos 107:23, 28-29).
            Querido hermano, ¿no es verdad que a veces nos parece que  en las tempestades  el Señor está durmiendo?, está en nuestra barca, pero está durmiendo?
            Qué prueba para la fe, que debe ser certeza de lo que se espera, que debe ser convicción de lo que no se ve… qué tentación a querer “despertar” al Maestro, porque si no lo hacemos seguro nos hundimos… como Pedro, exclamamos: ”Señor, sálvame!!!” necesitamos su mano, su mano derecha, la diestra de su poder, para que nos saque a lugar espacioso, para que nos libre.  Y claro que lo hará, pero también para nosotros habrá palabras como las que dijo Cristo a su discípulo en aquella ocasión: “hombre (mujer) de poca fe, ¿por qué dudaste?

           

Todos queremos estar en anchuras, no en aprietos, en lugar espacioso, no en estrechos senderos… pero a veces el Señor nos tiene que enseñar que para llegar al valle, primero hay que transitar caminos escarpados, senderos dificultosos, o mares de adversidad, pero confiemos, EL ESTA EN MEDIO DE LA TORMENTA.

 

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