La Llave de Mandala

POR GUSTAVO SANCHEZ (ROSARIO-ARGENTINA)

   Canta el “Nano” Serrat: “uno de mi calle me ha dicho / que tiene un amigo que dice / conocer a un tipo que dijo / que un día fue feliz”…retrata de esta manera, irónica la búsqueda de la felicidad, y lo inasible y esquiva que generalmente se nos pone.
   Sigmund Freud aportaba, en los albores de los descubrimientos sicoanalíticos, que todos buscamos, incesante, incansable e inconscientemente el estado de ausencia del displacer, la felicidad total, como lo llamó él “el ideal del yo” y su referencia más cercana en el vientre materno, donde no teníamos ningún tipo de preocupación y todas nuestras necesidades estaban satisfechas. Su diagnóstico no resultó ser muy alentador, pues refirió que esta empresa constituye una verdadera “crónica de una muerte anunciada”, pues afirmó la imposibilidad de encontrarla en la cultura, en la relación con otros.
 Nuestro talentoso Fito Páez, por su parte, en su famosa canción “te vi”, afirma cual tanguero llorando un amor ausente.…”la llave de Mandala se quebró”… ¿Qué es un mandala? Un mandala remite a la forma perfecta: el círculo, símbolo del cosmos y de la eternidad. Representa la creación, el mundo, el dios, el ser humano, la vida. Y estamos mucho más familiarizados con esta forma de lo que sospechamos, afirman hoy los profetas de la “nueva era”. Afirman, con convicción, que esta imagen circular grabada en el inconsciente puede ayudarnos a reunir las fuerzas dispersas cuando estamos estresados, agotados, desencantados, desarmonizados o cuando queremos conectarnos desde otro lugar con nuestro mundo interior (¿?). Las antiguas civilizaciones (y todavía hoy muchas religiones como algunas ramas del budismo) usaban mandalas para calmar la mente y el alma, como un camino para conectarse con la naturaleza. Estas figuras ejercen su efecto a través de la meditación. Se trata de contemplarlas con calma y dejar que actúen, o pintar sus formas con los colores que la intuición dicta. Así, ayudan a concentrarse, a encauzar procesos interiores, a despertar la creatividad y a recuperar la armonía. Pero esta concepción no se limita a la cabalística, sino que tiene ínfulas de científica. El psicólogo Carl Jung (1875-1961) estudió el efecto de las imágenes circulares en el alma. Comprobó que pintarlos produce paz interior en personas sanas y enfermas. Durante la meditación, el alma regresa a la totalidad y la conciencia se modifica. El que medita experimenta serenidad y energía. Jung se sorprendió al explorar cómo la meditación con mandalas ayudaba a reunir las fuerzas espirituales y a equilibrar las contradicciones. El experimentó un tratamiento de meditación con mandalas entre sus pacientes con neurosis y esquizofrenia, con resultados exitosos. Aunque demostró sus límites en enfermedades crónicas como psicosis o depresión. Según Jung, el mandala representa la totalidad de la mente, la conciencia y el inconsciente. Puede equilibrar las contradicciones o mediar entre ellas. Incorporarlo a nuestra vida ayuda a que la conciencia se nutra de las fuerzas del Yo inconsciente y mantenga la conexión con la energía interior.
Agradecemos las bienintencionadas sugerencias, pero, como cristianos sabemos (Dios nos lo ha revelado en Su Palabra), que el hombre pierde la paz, no porque se rompe su conexión con su interior, el hombre no tiene nada bueno dentro suyo como panacea para la paz, sino con Dios. Por eso murió Cristo, para que tengamos la verdadera paz perdida por nuestro pecado ( Rom. 5:1, Efesios 2:14-15, Filipenses 4:7,9). La llave de mandala se quebró, es verdad, pero Cristo nos ha dado el secreto.  Isaías 26.3 promete la verdadera mandala, allí leemos:”Tu guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevere…pues en Ti ha confiado. Llenar la mente de pensamientos que tienen que ver con persona, la obra y la adoración a Dios es el mejor sedante, la paz que sobrepasa todo entendimiento, la que es capaz de confiar, aún cuando todo esté revuelto a nuestro alrededor, cuando todo sea como un huracán, nosotros estamos en el “ojo”, o sea en el centro, disfrutando de la paz.

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