La Extensión de la Obra

POR RUBEN LUCIA (BERAZATEGUI, BS. AS.)

II) LOS ANEXOS.

En más de una oportunidad, fue motivo de discusión si los anexos son o no son bíblicos y una de las respuestas a esta pregunta, es que tampoco las Escuelas Dominicales o las Descripción: 264597_135530539860223_100002098343930_267539_4515711_nReuniones Juveniles lo son. Eso realmente no es una respuesta, sino una excusa. Yo creo que los mismos no existen en las Escrituras, porque al formarse las iglesias donde ya había creyentes y ocuparse los apóstoles de ir adonde no los había, simplemente no eran necesarios. (Existían sí, iglesias que se reunían en casas de familias y reuniones caseras, que no son la misma cosa).
Ahora bien, es curioso que siendo los anexos una de las formas de extensión mas usadas por las iglesias, se habla tan poco de ellos. Yo al menos, no recuerdo haber oído a alguien, hablar exclusivamente del tema.
No debe extrañarnos entonces, que su instalación y su desenvolvimiento, sea algo bastante empírico, donde influyen más los estados de ánimo que los aspectos bíblicos.
Sin embargo, son muchas las iglesias que se iniciaron siendo anexos. Veamos entonces, algunas causas por las cuales los mismos no siempre prosperan.

II a) Anexos que se inician donde "no hay nadie".

Uno de los argumentos para establece un anexo suele ser: "en ese barrio no hay nadie". Si el "nadie" se refiere a ningún testimonio, indudablemente nos encontramos con un interesante desafío; pero si el "nadie" indica la ausencia de creyentes, nos enfrentamos con uno de los casos más desfavorables para establecerlo, porque a menos que los responsables del anexo, estén dispuestos a alejarse de la iglesia madre y hacer en el lugar una verdadera obra misionera, lo mas probable, es que vea la luz "un anexo eterno".
En estos casos, generalmente tarda en formarse un grupo de creyentes y si no hay un contacto estrecho con creyentes más experimentados, a menudo va a haber preguntas sin contestación, inquietudes que no habrá quien disipe y problemas que no habrá quien solucione, y de esta manera, el crecimiento espiritual y el desenvolvimiento de los recién convertidos va a ser lento, como para que ese anexo, pueda en poco tiempo constituirse en iglesia.
En cambio, la presencia de hermanos con residencia en el lugar, puede ser fundamental para conseguir el efecto contrario. Por otra parte, cuando se piensa realizar un trabajo de esta naturaleza, es conveniente consultar a los responsables de las iglesias cercanas o con miembros que vivan en la zona, de manera de no superponer esfuerzos y conseguir la colaboración de hermanos que se unan al esfuerzo común.
Además, si entre los iniciadores del trabajo, hay algún anciano de la iglesia madre, habrá quien sepa que es una iglesia, como se deben reconocer los ancianos, etc. En estas condiciones, es muy posible, que en poco tiempo pueda ver la luz una nueva iglesia.

II b)  Anexos que se inician donde ya hay algún testimonio.

Otro caso desfavorable es iniciar testimonios en barrios o pueblos donde ya hay otros hermanos trabajando, aunque no sean de nuestra denominación, A veces eso ocurre aunque sean de la misma denominación, pero de distintas iglesias o de una iglesia que se ha escindido. Por más que podamos abundar en razones, esta es una situación que en nada favorece el testimonio y que contribuye a crear confusión en los inconversos. Así se da la paradoja, de que mientras en un lugar hay dos o más grupos estorbándose, en otros lugares no hay quien anuncie el evangelio.
Lo curioso del caso, es que hay iglesias que quieren ir a predicar el evangelio a otros barrios o pueblos, donde bien o mal otros lo están haciendo, y a tres cuadras de su templo, no hay quien sepa de la existencia del mismo, porque quizás nunca nadie llegó hasta allí con un simple folleto.

II c)  Anexos iniciados para que trabajen los jóvenes.

Otro hecho negativo bastante arraigado, es utilizar los anexos y otras tareas de extensión, para que trabajen los jóvenes. En toda actividad, para obtener  buenos resultados, es necesario conjugar el empuje juvenil con la experiencia del adulto. Esto puede ser muy importante para que el "estado" anexo sea breve y cuando se piense en la constitución de una nueva iglesia local, al ocupar jóvenes y adultos con  nuevas funciones en sus respectivos campos de labor, se producirá también, en ambos lugares, un progresivo cambio de responsables.
En ese momento, quizás se trasladaran algunos de los Ancianos, o el Tesorero, o el encargado de Escuela Dominical, o de Actividades Juveniles, o varios de ellos a la vez, y en la Iglesia madre, por su parte, otros hermanos van a tener la oportunidad de asumir nuevas responsabilidades o utilizar más plenamente sus dones.

II d)  Anexos  (o iglesias) que están abiertas porque "tenemos el salón".

En los últimos años, se le empezó a conceder al lugar de reuniones una importancia que antes no se le daba, y a veces se construye el salón antes de construir el edificio espiritual.
Otras veces, algún hermano con buena voluntad ofrece un salón o su casa y ¡cómo vamos a despreciar una puerta que abre el Señor! Pero no siempre la puerta la abre el Señor; a veces la abre el entusiasmo de un hermano. Por supuesto los resultados van a ser muy distintos.
Gamaliel, que era un hombre muy sabio, lo dijo hace muchos años; "Si esta obra es de los hombres, se desvanecerá, más si es de Dios no la podréis destruir" (Hechos 5: 38 y 39)
Por eso es importantísimo, que estemos seguros de que lo que vamos a hacer, es la voluntad de Dios, porque una vez iniciado el trabajo, quizás nos resulte difícil reconocer que hemos obrado apresuradamente, y así quizás sigamos adelante contra viento y marea, hasta que llegue el momento en el cual no podamos continuar la empresa y debamos abandonarla.

II e) ¿Cuándo un anexo se puede constituir en lglesia?

Si como vimos antes, no hay bases bíblicas para la instalación de anexos, ¿Qué bases bíblicas podemos utilizar para saber cuando los mismos están en condiciones de constituirse en iglesias?
Algunos de los interrogantes que suelen presentarse cuando un anexo quiere independizarse, son los siguientes:
¿Quién va a quedar al frente?
Si en el desarrollo de las actividades del anexo, ha participado por lo menos uno de los ancianos, la pregunta tiene rápida contestación. En cambio, si la iniciativa la tomó algún entusiasta, o alguien a quien se le dio esa responsabilidad para que "no molestara", la respuesta va a ser más difícil.
¿Quiénes van a pasar al anexo y quienes van a quedar en la Iglesia?
Si los hermanos del anexo son del barrio, y están identificados con la evangelización del mismo, la respuesta también va a ser sencilla. Creo que una vez que un anexo toma impulso, conviene que las actividades se vayan celebrando en forma simultánea, así se sabe de antemano quienes van a seguir en uno u otro lugar.
¡No hay dones! Puede ser una excusa. Sin embargo, en las Escrituras encontramos que todos tenemos un don y que tenemos que probarlo o despertarlo. Que no se hayan manifestado, no quiere decir que no los haya.
Otras veces se ponen por delante otros motivos que son risibles y demuestran que poco conocemos y practicamos lo que es vida espiritual, mayordomía de los bienes y Gran Comisión. Así a veces se hace hincapié en el dinero invertido en el lugar y en el sacrificio que se ha hecho, olvidando que ambos, en teoría al menos, han sido dedicados al Señor. Otras veces la preocupación es por los lugares que van a quedar vacíos, o por la disminución de las ofrendas que se va a producir, y así podríamos mencionar otras excusas del mismo tenor.
No nos debe extrañar, entonces, que como resultado de estos razonamientos, a menudo se produzcan situaciones que determinan que un anexo se independice de hecho, y lo que debió ser motivo de gozo y alegría, se convierte en motivo de enemistad y de dolor, dejando raíces de amargura, que aun después de muchos años siguen trayendo tristeza.
Siempre me llamó la atención el pasaje de Hechos 13:52. Allí se nos dice que los discípulos de Antioquia de Pisidia, estaban llenos de gozo y del Espíritu Santo. Esto ocurría en medio de la persecución, cuando los fundadores de la iglesia los dejaban para ir a predicar el evangelio en otro lugar, sin Biblia, sin pastores y sin comunión con otra iglesia cercana, porque no la había. Creo que este es un hermoso ejemplo para tener en cuenta.

III) LOS MISIONEROS.

En el segundo principio que enunciamos, dijimos que donde no había creyentes, el Señor envió obreros a que iniciaran la obra. Debemos señalar que hubo una marcada diferencia entre su trabajo y el de los ancianos; mientras aquellos tenían por delante una región y su función era muy compleja, la de estos abarcaba una ciudad o pueblo y su trabajo era, principalmente, apacentar la grey. Esta es una de las razones, por las cuales no creo que los apóstoles hayan sido reemplazados por los ancianos, como se sostiene a menudo. Eso ocurrió en Jerusalén, pero el Espíritu Santo siguió levantando apóstoles en Antioquia (cp. Hechos 13:3 con Hechos 14:4), cuando ya había ancianos en Jerusalén (Hechos 11:30). Como durante mucho tiempo se enseñó que los apóstoles cesaron, y la palabra misionero no aparece en el texto bíblico, hay una confusión tremenda acerca de que es un misionero.
Actualmente llamamos misioneros, a aquellos que dedican todo o gran parte de su tiempo al servicio del Señor y dependen de El, para su sostén, ya sea a través de un Fondo, Iglesia o Misión, y con este término, abarcamos a evangelistas, enseñadores, pastores, y a algunos obreros, que como los de la Iglesia Primitiva, van a predicar el evangelio donde no hay creyentes.
Por otra parte, también la palabra "obra" ha cambiado su sentido primitivo, y en nuestros días, llamamos así, a la actividad de la iglesia local.
Como decíamos en la introducción, no debemos perder de vista que la obra es del Señor y siendo El, el Dueño, debe ser El quien la extienda, levantando obreros y enviándolos donde El lo crea necesario; no hay evidencia bíblica de que esto fuese a cambiar en algún momento de la vida de la Iglesia. Sin embargo, cuando oímos lamentaciones porque no hay nuevos misioneros, o porque hay provincias donde no hay ninguno, o escuchamos cuidadosas estadísticas y fervientes llamamientos a salir a la obra, porque hay almas que se pierden y es necesario llevarles el mensaje de salvación, da la impresión de que creemos que las iglesias o alguna entidad deben ocuparse de ello. Pablo y Bernabé no respondieron a necesidades o llamamientos humanos, sino al llamamiento divino, y vuelvo a recalcar, que lo importante, no es ir, sino ser enviados. Tampoco es cuestión de cantidad, sino de llamamiento. Si se enseñasen claramente estas cosas, se evitarían muchas decisiones equivocadas.
También dije anteriormente, que a menudo el misionero se convierte en pastor. En nuestras asambleas esta palabra no siempre es bien mirada, porque la emplean otros grupos evangélicos que tienen pastores sostenidos; pero cuando un misionero, deja de hacer el trabajo de extensión, para permanecer en una iglesia, realmente es un pastor, aunque no lo llamemos así, y es sostenido por las iglesias de todo el país.
Las iglesias tienen mucho que ver con ésta situación, ya que cuando aumenta la cantidad de miembros, y se siente la necesidad de tener a alguien que disponga de tiempo para la visitación y otros aspectos del servicio, en lugar de sostener  aunque sea parcialmente, a alguno de sus ancianos, tal vez jubilado o con un horario ventajoso, generalmente se piensa en traer a alguien que está totalmente dedicado al servicio del Señor. Lo de sostener a los ancianos no debería ser ninguna novedad. Pablo enseña en 1ª Timoteo 5:17 que los ancianos que gobiernan bien, deben ser reconocidos por su trabajo y sostenidos por la iglesia a la cual pertenecen (hago notar que Pablo aplica a los ancianos, las citas bíblicas del versículo siguiente, que originalmente fueron aplicadas a obreros). De esta manera, se evitaría apartar a un misionero de su trabajo específico, pero aun en el caso, de que un obrero decidiera permanecer en una iglesia suficientemente grande, esto debería ser tenido en cuenta, para que sea dicha iglesia la que sostenga totalmente, o en su mayor parte, a dicho obrero.

III)      LA ACTIVIDAD CONCENTRADA EN UN LUGAR.

Esto ocurre generalmente cuando una iglesia crece sin extender su radio de acción. Esta situación puede ser favorecida por la presencia de algún o algunos hermanos de renombre, o un templo grande o moderno o lujoso, o un hermoso órgano, o un buen coro, o simplemente "buen ambiente". En esas condiciones, es un tanto difícil que los creyentes comprendan que todo eso es muy lindo, pero que hay otros lugares adonde debe llegar el mensaje de salvación.
Muy posiblemente, a los hermanos de Jerusalén les haya ocurrido esto y fue necesaria la persecución, para que recordasen que la Gran Comisión incluía también a Judea, Samaria y hasta lo último de la tierra (Hechos 1:8).
Sin embargo esto no es todo. A veces los hermanos de iglesias cercanas o hasta de anexos de la misma iglesia, son atraídos hacia la misma y aun se da el caso, de que aprovechen cualquier circunstancia como excusa para abandonar su congregación o su lugar de trabajo y así estar "más cómodos". El punto de vista humano, puede ser el de Pedro, cuando en el monte de la transfiguración dijo: "Bueno es para nosotros que nos quedemos aquí" (Lucas 9:33). El punto de vista divino, está expresado por el mismo Señor en Lucas 4: 42 y 43: "Es necesario que en otros lugares, se predique la Palabra".
El Señor a veces permite que se produzca una prueba, sea una persecución, una disensión o cualquier cosa semejante, para hacernos volver a la realidad.

IV)    LA ACTIVIDAD EXCESIVAMENTE DISEMINADA.

Lo contrario a lo dicho en el apartado anterior, suele ocurrir cuando olvidamos que cualquier esfuerzo de extensión en un lugar, debe culminar en la constitución de una iglesia. De lo contrario, puede darse el caso de que en lugar de una iglesia, tengamos una "confederación de anexos". Si bien a menudo, el hecho de que una congregación tenga varios anexos, puede indicar la existencia de un gran esfuerzo evangelístico, quizás lo que ocurra realmente, es que no se han manifestado los dones y oficios necesarios, para que dichos anexos se constituyan en iglesias.
Por último diremos, que en algunas circunstancias, al constituirse alguno de ellos en iglesia, podría darse el caso de que la nueva iglesia se hiciese cargo de atender otro de los anexos. De esa manera, se repartiría el esfuerzo, y la iglesia madre, que ahora cuenta con menos hermanos, quedaría aliviada en su trabajo al reducirse su responsabilidad.

CONCLUSIÓN.

Resumiendo lo expuesto, considero que:

  1. Los hermanos, salvo circunstancias muy especiales, deberían congregarse en la iglesia más cercana a su domicilio.

  2. Conviene que las iglesias cercanas intercambien ideas acerca de sus proyectos de extensión, a fin de evitar esfuerzos paralelos y conseguir el apoyo de los hermanos que viven en la zona.

  3. Los anexos solo deben iniciarse donde haya un grupo de hermanos dispuestos a hacer el trabajo de extensión, con vistas a constituir una nueva iglesia.

  4. A partir del momento que se inicia el nuevo testimonio, la iglesia de la cual depende el mismo debe hacerse a la idea de que los hermanos, el trabajo y las inversiones que se hagan en el lugar, van a pertenecer a la futura congregación.

  5. Tan pronto como sea posible, las reuniones en la iglesia y en el anexo conviene que se celebren simultáneamente, para que se sepa con anticipación, quienes van a quedar en uno y otro lugar.

  6. Es conveniente que la independencia de los anexos, se vaya produciendo en forma gradual.

  7. Las iglesias que tienen anexos desde hace muchos años, deberían analizar los resultados obtenidos hasta el momento, y ver cuales son los factores que han impedido su progreso o su independencia, y pensar en la posibilidad de trasladarlo a otro sitio, especialmente si hay otro testimonio cercano al lugar que ocupan actualmente.

  8. Si es necesario, las iglesias deben sostener a alguno de sus ancianos, para que haga el trabajo de visitación o atienda el "consultorio pastoral", de modo que los misioneros puedan ocuparse de la extensión del evangelio, en aquellos lugares donde no hay ningún testimonio.

Rubén Lucia, es anciano de la ICE en Berazategui (Bs. As), maestro de la Palabra.

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