La Epístola de Judas
POR JUAN ANTONIO GARCIA NIETO (LANUS-BS AS)
2) Nuestro deber de contender por la sana doctrina (v. 3):
“Amados, por la gran solicitud que tenía de escribiros acerca de nuestra común salvación, me ha sido necesario escribiros exhortándoos que contendáis ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos.” (Judas 3)
- En aquél tiempo...
- El versículo comienza definiéndonos a quienes está dirigido el mensaje de Judas, es decir, a los “amados” del Señor, no a los hombres naturales que no perciben las cosas que son del Espíritu Santo, para que sepamos lo que el Espíritu nos enseña y da (1ª Cor. 2:10,12,14), implicando el término, el amor divino que nunca cambia y es eterno (Jer. 31:3a). Asimismo, el tono afectivo y tierno “amados” lo encontramos también en los (vs. 17 y 20), manifestándonos el corazón amoroso y sentido pastoral del autor hacia sus lectores y del Señor hacia los creyentes, independientemente de su recriminación hacia los enemigos de la verdad, a los cuales, el creyente debe contender. En este sentido, es dable notar la antítesis entre la salvación para los creyentes que este versículo nos señala y la condenación que el versículo siguiente determina para los incrédulos, siendo los de aquí: los “amados”, y los de allí: los “hombres impíos” (v. 4).
También el texto nos revela que el propósito inicial del autor, fue escribir acerca de la “salvación”, sin embargo, a causa del peligro latente en aquellos creyentes, de desviarse de la “sana doctrina”, es que decide exhortarles – más bien “el Espíritu Santo le inspira e impulsa con ahínca fruición” (1ª Ped. 1:20-21), opina quien esto escribe – a “contender ardientemente por la fe” [lit.: “agonizar a causa de la fe”], indicándonos la frase, la necesidad de realizar un esfuerzo intelectual para comprender, enseñar y defender, “la fe bíblica”, la cual, no es atribuible a los hombres, pues es “don de Dios” (Ef. 2:8), constituyendo esta “fe”, “el cuerpo de doctrinas cristianas”; “el evangelio de Cristo” que los apóstoles del Señor proclamaron, y que Lucas nos señala como “la doctrina de los apóstoles” (Hch. 2:42), es decir, no se trata de la confianza subjetiva que el creyente tiene de Dios sino de la “fe objetiva” o “doctrina”, o sea, “todo lo que los creyentes creemos”, pero, con la agravante que, en aquel tiempo, estaba a punto de ser abandonada y cambiada por aquellos que “apostatarían de la fe” (1ª Tim. 4:1). Por tanto, el contenido de la carta no es meramente un documento humano sino un mensaje recibido de la mano de Dios, por medio del Espíritu Santo, con el fin de instruir a Su pueblo, alertándonos del peligro palpable y nefasto – más aún en estos últimos tiempos – que causaban aquellos que estaban entrando a la iglesia, disimuladamente, con el propósito de introducir herejías ajenas al designio divino, siendo por este motivo que Juan insta a los creyentes, a contender con fervor por los principios bíblicos que Dios anhela para Su Iglesia, instrucción que el Espíritu impulsa de modo claro y preciso al exhortarnos: “Pelea la buena batalla de la fe, echa mano a la vida eterna, a la cual asimismo fuiste llamado” (1ª Tim. 6:12).
Además, la versión literal del versículo: “la fe – ‘doctrina’ – que de una vez para siempre, fue entregada a los santos”, si bien nos señala que los “santos” mencionados, son los seguidores santos y fieles en Cristo Jesús (Rom. 1:1; 2ª Cor. 1:1; Ef. 1:1), esencialmente, está subrayando, que la verdad revelada que nos ha sido dada de una vez por todas, no puede ser cambiada ni tergiversada, en ninguno de sus preceptos, advirtiéndonos toda la Biblia acerca del castigo divino a quien incurra en el despropósito de modificar, añadir o quitar algo, en absoluto, por mínimo que sea, al contenido de la Escritura que el Espíritu nos ha legado (Dt. 4:2; Pr. 30:5-6; Is. 8:20; Gál. 1:8-9,20; Ap. 22:18-19), por lo cual, debemos defender con todas nuestras capacidades espirituales e intelectuales, guiadas y potenciadas por el Espíritu de Dios, esta herencia divina, mientras quede en nuestro ser algún hálito de vida (1ª Ped. 1:4-5; 2ª Ped. 1:3-8).
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- Reflexiones para nuestros días…
- Tengamos en cuenta, que la frase “que contendáis ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos”, implica en la práctica, no solo animar a quienes nos enseñan la sana doctrina, sino también, que nos probemos nosotros mismos en esa “fe”, manteniendo nuestros deberes cristianos y correctas relaciones con los demás, especialmente con los allegados, no vaya a ser, “que actuemos no solo negando la doctrina, sino aun, peor que los incrédulos” (2ª Cor. 13:5; 1ª Tim. 5:8).
Tampoco debemos ignorar que la apostasía, si bien está relacionada con el conocimiento bíblico, no es un problema ‘intelectual’ sino que tiene su origen en nuestra ‘voluntad’, aunque resulta difícil determinar si la herejía comienza con la duda espiritual o la perfidia moral de quien la lleva a cabo, lo cual, no la exime de abominación. Asimismo, no debemos suponer, que el hecho de que alguien concurra a las reuniones, no sea mal hablado, ore y ofrende, implica que estemos ante un creyente espiritual, ya que, sólo lo será en la medida que su alma anhele la gloria de Dios; la salvación de los perdidos y un crecimiento espiritual que le honre, mediante su servicio fiel y su entrañable adoración, en una actitud constante de mansedumbre y humildad de corazón, no para tener el tan ansiado descanso de su alma, el cual, siempre Él le dará, porque es el eterno “Dios Fiel” (Dt. 7:9; Mt. 11:29; 1ª Cor. 1:9; 1ª Tes. 1:24), sino, con el propósito que el alma del Padre, tenga complacencia.
También, nuestra lucha, contra la apostasía, infiere desoír a quienes no se ciñan fielmente a la Escritura, testimoniando con denuedo y poder, acerca de nuestro Salvador, aun en medio de grande oposición, condenando enérgicamente todo evangelio diferente, evitando que se perturbe o pervierta el “evangelio de las inescrutables riquezas de Cristo”, gloria ésta, que competa sólo a la Iglesia, según el propósito eterno que el Padre hizo en Cristo Jesús, en quien tenemos “seguridad y acceso con confianza”, justamente, “por medio de esta gloriosa fe en Él”, para que demos a conocer la multiforme – multicolor y multifacética – sabiduría de Dios, con el fin que Dios sea glorificado en las regiones celestes y en todo el universo, ya que la gloria de Dios es la meta suprema de la creación. Considerando, con sumo cuidado y firmeza de fe, en este propósito santo, que la “herejía” que estos inicuos proclaman [‘expresiones doctrinales ajenas y en contra de lo que la Escritura nos enseña’], no solo consiste en negar la “sana doctrina” sino también, en alterar las enseñanzas que ella nos da. Resultando de este modo, que nuestra redención – como hombres caídos e inútiles que somos, aunque salvados por la sangre del Cordero – habrá de impulsar y enaltecer la alabanza angelical, y de todo lo creado, delante de Su trono, y por la eternidad. Tengamos por cierto que, este es y será el regocijo sublime y celestial de la Esposa de Cristo, cuando estemos, para siempre, en Sus atrios, con el Amado, Rey de Reyes y Señor de Señores” (Sal. 19:1; 148:1-2; Pr. 19:27; Hch. 4:31b,33; Gál. 1:7-8; Ef. 3:8,9-12; 1ª Tes. 2:2; Heb. 1:6; Ap. 4:8-11; 5:8-14; 7:9-12; 14:1-3; 19:1-8,16). ¡Aleluya!, ¡Qué privilegio, honra y honor!, que ¡La alabanza y la gloria y el poder, sean a nuestro Dios, por los siglos de los siglos. Amén!
Tengamos en cuenta, que la palabra “santos” con que finaliza del versículo – al igual que en las epístolas de Pablo –, significa “cristianos” o “siervos de Cristo”, por lo cual, cada creyente, en estos tiempos tan propensos a la burla y oposición hacia Dios y Su Palabra, si bien es exhortado a “contender agónicamente por la fe”, debe llevar a cabo esta batalla, fundamentalmente, mediante la influencia de su vida santa, lo cual, es mucho más difícil que el conocimiento bíblico, ¿verdad?, ya que, resulta más fácil “hablar”, que “ser ejemplo a la grey y a los hombres”, y dado que los falsos maestros se caracterizan por mostrar sus errores mediante la impureza y el despropósito de sus indignas acciones, los cristianos, debemos ser abiertamente opuestos a ellos en toda nuestra manera de vivir (1ª Ped. 1:15).
Consideremos, también, que hoy día al igual que en aquel entonces, en la Iglesia de Cristo se manifiestan estas dos corrientes viables en cuanto a la doctrina, los que anhelan la pureza santa que nos lleva a la herencia excelsa y eterna con el Señor, mediante un camino de santidad y buen obrar, y la de aquellos creyentes nominales o carnales que, en franca declinación, avanzan regresivamente hacia estadios de impiedad que conducen a la apostasía. Aunque también, hay otros que están en la encrucijada de la decisión espiritual que habrá de encomendar sus almas, o bien, en las manos del Pastor Divino, o si no, en las mortales garras de Satanás, apartadas para siempre de Dios. Es decir, estarán, o ya junto al “calor” del hogar celestial, o ya inmersos en la “tibieza” de su despropósito espiritual que causa la repulsa del Altísimo, desembocando finalmente, si no se arrepintieren, en eterna perdición. Siendo el mensaje de Judas, en estos aspectos, una exhortación a que tomemos conciencia del “hedor” que rodean a la Iglesia en estos últimos tiempos, procurando que el mismo, no irrumpa ni corrompa nuestro corazón, ni que tampoco mancille la santidad de Dios.
Por tanto, el creyente espiritual, “debe desoír todo aquello que lo haga divagar de las razones de sabiduría, siendo vigilante en no incurrir en todo aquello que torne sus obras, imperfectas ante Dios” (Pr. 19:27; Ap. 3:2), fortaleciendo el ánimo de sus hermanos, para que permanezcan firmes y perseverantes en la fe y en la sana doctrina (Hch. 14:22a; 1ª Cor. 16:13b; 1ª Tim. 2:1), haciéndolo, en todo momento y circunstancia posibles, con persistencia en la oración y en el ministerio de la Escritura (Hch. 6:4; 2ª Tim. 4:2), todo lo cual, habrá de contribuir eficazmente a “La defensa del evangelio de Jesucristo el Señor, contra la Apostasía”. amén.
JUAN ANTONIO GARCIA NIETO es miembro de una ICE en Lanús Bs. As, maestro de las Escrituras, enseña en los reconocidos institutos bíblicos EBI y MULLER




